miércoles, 13 de junio de 2018


         LA IGLESIA DE LAS CUEVAS DE VELASCO 
              (MÁS DATOS E INFORMACIONES) 




En el año 2016 tuvimos ocasión de entrar en la sacristía de la Iglesia de Cuevas y observamos que había expuestos a la vista una especie de paneles en los cuales se presentaba un breve pero interesante estudio arquitectónico e histórico del templo parroquial de Cuevas. 



La descripción del templo es muy completa y precisa. Vale la pena realizar una atenta y detenida lectura, a ser posible “in situ” para deleitarse con esta maravilla de monumento que tenemos en Cuevas de Velasco. 




Por lo que se refiere a los comentarios sobre el estilo arquitectónico y sobre los datos históricos, parece que el autor fundamenta sus afirmaciones en los datos obtenidos del Libro de Fábrica del templo. Estos libros suelen ser de gran fiabilidad, pues vienen a ser como registros contables de todas las obras de construcción, restauración y modificación de las iglesias. 



Observamos, no obstante, ciertas afirmaciones sorprendentes que habría que tratar de confirmar o desechar, pues modifican sensiblemente el relato que conocíamos sobre la construcción de la iglesia. 



Cuando en el informe se habla de que en el año 1569 “las paredes son de mampostería, excepto la capilla delantera que es nueva y tiene bóveda”, suponemos que se refiere a que los muros existentes pertenecían al edificio que precedió al actual y seguían sujetando la antigua techumbre de la iglesia, posiblemente románica, anterior a la actual. También se deduce que la antigua iglesia no contaba con bóveda. 



La visita de diez años después, 1579, informa de un detalle llamativo: la iglesia tenía dos naves, aspecto este que hasta ahora no se conocía. ¿Es posible que la traza inicial de la iglesia de Cuevas contemplase la posibilidad de un templo con dos naves? Parece extraño, pero no es menos raro un templo de tales dimensiones de una sola nave. El propio estudio sugiere la idea de que posiblemente a lo largo del siglo XVII las dos naves se transformasen en una. Esta es una cuestión complicada, aunque imaginamos que, más allá de la solvencia de estas fuentes, un experto en la materia podría hallar algún resto arqueológico que confirme esta aseveración. 



Otro apunte destacado que nos propone este estudio es que la iglesia pertenece al final del gótico, aunque, eso sí, con claros elementos renacentistas. 



Facilita también el estudio un listado amplio de personajes que intervinieron de una u otra forma en las diferentes etapas de la construcción del templo de Cuevas de Velasco. Igualmente podemos encontrar alguna conjetura difícil de probar, pero lo más interesante es que se expone la idea de que la iglesia muestra una unidad de criterios y de actuación, debidos a la mano de un principal maestro, Francisco del Campo. 

El trabajo está firmado por Juan J. De Julián, Arquitecto Técnico y data del año 2013.

miércoles, 6 de junio de 2018



    VOCABULARIO TÍPICO DE CUEVAS DE VELASCO 


En esta nueva entrega del habla particular de Cuevas de Velasco, sugerimos una serie de términos antiguos aportados por Lorenzo Arana, cuyo padre, Emilio Arana, fue sacristán de la parroquia de Cuevas y más tarde de El Salvador, de Cuenca. 


Mozón. Se dice de los niños que han crecido o que están creciendo. Es en realidad una paradoja, pues se usa este aumentativo de mozo para quien es aún un bebé o un niño pequeño. Se trata de un término cariñoso, no exento de ternura cuando se dirige uno a una criatura. 

Cambaruche. Al desván se le llama cámbara en Cuevas de Velasco. Cambaruche es una cámbara pequeña, un altillo dentro del propio desván, o bien una cámara sobre pajares, tinadas o cobertizos.



Rebaila. Se trata de una peonza o, como se dice en Cuevas de Velasco, un chompo pequeño. Es un juguete parecido a la peonza que se hace bailar haciéndolo girar con los dedos. 



Zupio. Se usa en masculino y en femenino y se aplica al sedimento del casco. El zupio o zupia es una especie de barrillo de color marrón que se acumula bajo el escobajo y el orujo de la uva. 

Cordelero. Se dice de quien es liante y cicatero, de quien pincha, incita, provoca y fastidia con frecuencia. 

Marules. Se aplica a la persona algo indolente, lenta, perezosa. Es uno de estos apelativos que tanto abundan en el habla de Cuevas y que recaen, con distintos matices, sobre toda esta progenie de personajes que no están bien considerados por el grupo social porque son holgazanes, tardones y alérgicos al trabajo.
Cotana. Rebaje que se practica en una madera, para encajar otra o para ajustar una cuerda, soga o goma y evitar que se mueva. 



Tontilán. La lengua de Cuevas de Velasco es muy rica en términos para definir o calificar a los necios. Tontilán es el bobo simplón, un individuo con poco seso que incluso se ríe de sus propias torpezas. 

Retotón. Se llama retotón a un agrupamiento de cosas, especialmente, hierbas, flores o setas. Cuando los hongos crecen juntos, amontonándose unos sobre otros, se habla de retotón de hongos. 




Silre. Excrementos del ganado y de los conejos. Conjunto de estos excrementos que se acumulan en los llamados silreros. 




Papo. Se trata de una exclamación referida a una parte del cuerpo, bien la papada o bien la vulva. Sin embargo a fuerza de uso se ha convertido en un término que no resulta ni grosero ni injurioso. A veces se emplea como una simple muletilla en la conversación. 

Pupaculo. Se dice de la persona muy ñoña y delicada que se queja por cualquier cosa. 

Tiote/a. Es apelativo que se aplica a una persona menuda de poca credibilidad y de escaso juicio.

jueves, 31 de mayo de 2018

sábado, 26 de mayo de 2018



           I CAMINATA CUEVAS DE VELASCO, 2018 
                              “CON ILUSIÓN SE PUEDE” 



En ocasiones las cosas surgen así, espontáneamente, sin planificar, que fue lo que ocurrió con una llamada de compañía que lanzó una persona que tenía promesa de ir hasta el Santuario de las Angustias a pie. Hay que reconocer que el reto no era pequeño, pues la distancia que separa el pueblo de Cuevas de Velasco del santuario donde tiene su sede una de las cuatro patronas de Cuenca, es de alrededor de 30 km. 

A la llamada de esta peregrina acudió un buen número de personas, a pesar de que se sabía que la marcha iba a ser exigente e incluso extenuante. 



El sábado, día 19 de mayo, se dieron cita en el pilar de La Canela, a la hora de cantar los gallos, 15 o 16 entusiastas, de estas gentes que siempre andan dispuestas para todo lo que se les proponga. Y comenzó la andadura con dirección a Cuenca, por el antiguo camino de la capital, que parte por las eras y se dirige hacia la Fuente del Sordillo. Ya en término de Villar del Saz, una vez alcanzada la carretera, la expedición continuó la marcha con dirección a Navalón de la Cuesta. En general el día acompañó, salvo en los últimos tramos en los que una molesta llovizna vino a complicar un poco más si cabe la marcha. Pero todas las dificultades se afrontaron con buen ánimo, a lo que sin duda contribuyó el sentimiento y la solidaridad de grupo que se había forjando a lo largo del camino. 



Como decimos, se siguió el antiguo camino de Cuenca, aunque en algunos tramos se optó por caminar por pistas para evitar la carretera. 

Tras una pausa en Chillarón, los peregrinos enfilaron hacia la capital con toda la ilusión y antes de ascender hasta el Santuario de la Virgen de las Angustias se giró una visita al Patrón de Cuenca, San Julián, en su santuario de la montaña. 



Hay que decir que la llegada a las Angustias fue emocionante ya que un pequeño grupo encabezado por José Lino (otro que está siempre volcado por las cosas del pueblo), portando el estandarte del Santo Cristo de las Cuevas, dio una calurosa bienvenida a los andarines. 



Así se gestó el cumplimiento de esta promesa. Y todo acabó felizmente con una breve visita a Cuenca y la celebración de una comida de hermandad. 



Por las felicitaciones recibidas y el entusiasmo que ha despertado entre la gente del pueblo esta expedición, queda instaurada, de facto, según la general opinión, una marcha anual desde Cuevas de Velasco a Cuenca. Y, si esta intención se materializa, ha de tenerse en cuenta que esta fecha de mediados de mayo es ideal, pues aún es posible caminar sin los calores abrasadores del verano y se ha dejado ya atrás lo más crudo del invierno. Por otro lado los campos ofrecen un maravilloso espectáculo con los cereales ya encañando. 



Mi enhorabuena también a todas estas personas.

viernes, 18 de mayo de 2018


                       LAS   CHOZAS   DE   LAS   ERAS 


Hoy día, viendo las eras tan vacías y tan abandonadas, a los más jóvenes les resultará difícil imaginar el trajín y las tareas que ahí se desplegaban hace solo medio siglo al llegar el verano. 

El cereal segado en los campos, se acarreaba a lomos de mulas y burros, o bien en carros y galeras, hasta las eras. Allí se hacinaban los haces de trigo, cebada, centeno y avena. Estos haces se desataban y se esparcían formando parvas sobre las que la trilla, tirada por caballerías, o los ruidosos trillos, daban vueltas y vueltas para ir desgranando las espigas y triturando los tallos. Una vez recogidas las parvas en montones, se usaban máquinas manuales de aventar para separar el grano de la paja. Y, finalmente, el grano era envasado y llevado a las cámaras y la paja era transportada a los pajares para servir de forraje y cama a los animales. 


Toda esta actividad convertía a las eras en lugares muy animados durante un par de meses al año. Allí se congregaban los acarreadores, los trilladores, los aventadores, los que iban y venían transportando el grano y la paja… Las eras eran un hervidero de gente cuando la recolección estaba en todo su apogeo. 

Para realizar todas estas tareas había un instrumental específico, de tal manera que los haces se manejaban con las horcas, la parva se extendía también con horcas y horquillos. Se trillaba, como hemos dicho con trillos y trillas, a los cuales se les incorporaban unos ganchos para volver la parva. Se recogía la parva con los rastros y las rastras. Se usaban palas; máquinas de aventar, que tenían cribas distintas y recibían engrase con las alcuzas; escobas amargas, para barrer; rastrillos, sacos, botijos y botijas, cuerdas, arreos, tiros... Y todo este material solía guardarse en unas chozas, de las cuales aún puede verse alguna construcción en pie. Hubo muchas más y también es cierto que mucha gente no podía permitirse el tener una choza y guardaba todos los utensilios de la era en sus tinadas del pueblo. 





Pero llegó el tiempo de las máquinas, los grandes tractores, las cosechadoras…, y tanto las eras, usadas durante milenios por el hombre, como las chozas o casetas en las que se guardaban las herramientas y apichusques, dejaron de tener utilidad. Las primeras, ahí están, vestigio de aquel pasado de afanes hoy casi olvidados, mientras que las segundas van cayendo por el paso del tiempo. De algunas de estas casetas quedan solo ruinas: un muro dubitativo, dos paredes a escuadra que parece que se apoyen una en la otra antes de desmoronarse, un montón de piedras... Otras aún nos permiten imaginar cómo eran aquellas construcciones. Algunas incluso siguen custodiando aquellos viejos enseres que hoy no son sino chatarra y recuerdos de otro tiempo. 


Las chozas de las eras de Cuevas de Velasco son construcciones sencillas con planta rectangular y puerta doble, generalmente, abierta en uno de los lados estrechos. Los muros son de mampostería de piedra y yeso. Tres vigas, una en la cumbrera y dos más, equidistantes y paralelas, sujetan el tejado, a dos aguas, tradicional de costeros o juma y teja romana. No suelen tener ventanas. 

Como venimos insistiendo en este blog, los pueblos nobles conservan sus reliquias, guardan celosos aquellos vestigios de su pasado, miman los restos capaces de evocar otros tiempos y otros modos de vivir. Así que, sería bueno que se pensase en salvar estas pocas chozas que quedan en pie antes de que sea tarde. Quizá habría que ayudar a los dueños a restaurarlas y conservarlas. Aunque lo ideal sería darles alguna utilidad. 





Recordamos que este pueblo tuvo no menos de cuatro o cinco ermitas, de las cuales hoy solo quedan los tristes muros de la última de ellas esperando el momento de venirse abajo. ¿Sucederá lo mismo con las chozas de las eras?

martes, 15 de mayo de 2018

                          SAN ISIDRO LABRADOR 2018 






Como cada año, desde tiempo inmemorial, se ha celebrado en Cuevas la festividad de San Isidro, santo patrón de los agricultores. 

En esta ocasión el buen tiempo ha permitido que la procesión con la imagen del santo madrileño luciese por las calles de Cuevas de Velasco. Portado por cuatro agricultores locales y acompañado por una veintena de personas, la comitiva ha recorrido varias calles del pueblo, distintas del itinerario de las demás procesiones. 

San Isidro es el santo de las rogativas y el abogado protector de las cosechas. A él se dirigen los labradores en sus plegarias. 

Luego de la ceremonia religiosa, un grupo de personas ha participado en una comida de hermandad en la plaza.

















martes, 8 de mayo de 2018


                                        LA IGLESIA DE CUEVAS



Iglesia de la Asunción. Construida en la segunda mitad del siglo XVI

La iglesia de la Asunción de Cuevas de Velasco, Cuenca, es un templo del siglo XVI proporcionado y de grandes dimensiones, realizado enteramente en sillería escuadrada, con planta de una sola nave, dividida en tres tramos. La cabecera es de forma poligonal, a su derecha se abre la sacristía y a los pies se sitúa la torre, de planta cuadrada, a la que se accede por una amplia escalera interior.

Escalera de subida al coro y a la torre.

En el interior, los frentes de los contrafuertes están suavizados por unos pilares adosados de forma semicilíndrica levantados sobre unos altos plintos de los que se arrancan los nervios de las bóvedas estrelladas de tipo francés.

Bóveda de crucería al estilo francés.

La planta baja de la torre está ocupada por una capilla, también con bóveda estrellada, decorada con pinturas al fresco. Sobre ésta se abre un amplio arco de medio punto en que se sitúa el coro con balaustrada de piedra y pequeña bóveda estrellada. En el lado derecho de ésta, se prolonga una tribuna para el órgano, bajo la cual se abren dos capillas, una de ellas contiene la pila bautismal.

Capilla inferior de la torre, bajo el coro.

Segundo coro, acondicionado para alojar el órgano.


Alzado, vistas transversales y longitudinales.

En la fachada principal destaca la portada de composición clásica, muy equilibrada con un gran arco con intradós decorados con doble fila de tarjetones, en el exterior cuadrados y en el interior rectangulares. La puerta se sitúa bajo un arco de medio punto de doble fila de platabandas y modillón en la calve. El entablamento con friso está decorado con triglifos y metopas y círculos en las enjutas. Sobre la cornisa una hornacina en forma de concha cobija una escultura de piedra de la Asunción. En los laterales, decoración de lazos con rosca de sentido inverso en los extremos.

Portada de la iglesia.

La torre es de planta cuadrada y se levanta en tres cuerpos, el primero y el segundo compuestos por sillares tallados formando dobles pilastras en las esquinas, en esta última se abren dos huecos en cada uno de los cuatro lados para las campanas, rematada con pináculos de bolas.

La torre, con sus tres cuerpos.

Se accede a los cuerpos superiores mediante una amplia y bien trazada escalera interior en la que se abren pequeños huecos para su iluminación.
En 1569 las paredes eran de mampostería exceptuando la capilla delantera que era nueva y tenía bóveda y capillas de cantería. La sacristía se construyó al mismo tiempo que la capilla mayor.
En 1579 trabaja en ella el maestro cantero Martín López de Urquiza (que también trabajó en la Iglesia de Vellisca y en la de Villar del Mestre), que posiblemente fue su tracista y ejecutor.
La Iglesia debió iniciar su construcción a mediados del siglo XVI y terminó de construirse en 1599.

Se encuentran paralelos de las bóvedas en las Iglesias de Santa María de Alarcón, Priego, Carrascosa, Culebras y Chillarón.

Bóveda de Santa María, de Alarcón.

Bóveda de La Asunción, Cuevas de Velasco.


La Iglesia de Cuevas de Velasco es un conjunto de gran interés histórico, artístico, arquitectónico y religioso. Constituye un claro y bello ejemplo del esplendor de los templos que se construyeron a lo largo del siglo XVI en la Alcarria Conquense, habiendo llegado hasta este siglo muy bien conservada, tanto en su aspecto exterior e interior, así como en el rico mobiliario y enseres que posee.

De especial importancia son las pinturas murales realizadas al fresco, de la capilla situada bajo el coro, en la planta baja de la torre, que constituye un ejemplo único de estas características en la provincia de Cuenca.

Los frescos de la capilla hoy están en muy mal estado.


El retablo mayor y el resto de los retablos y altares que posee, son todos de madera tallada y policromada de buena calidad, tanto en su diseño como en su ejecución, haciendo de la Iglesia un excelente ejemplo de la decoración que se realizó desde finales del siglo XVI y durante los siglos XVII y XVIII, habiéndose conservado admirablemente hasta nuestros días.

Altar del Corazón de Jesús.


Contiene una ilustrativa muestra de tallas de los siglos XV al XIX. Destacando la magnífica talla del Santo Cristo de la Salud y la Misericordia. Otras tallas de interés son los relieves de la Anunciación y del Nacimiento de Jesús, la Asunción, San Pedro y San Pablo en el retablo mayor. San Miguel, San Juan Bautista y El Niño Jesús Infante, o San Roque, entre otras.





El conjunto se completa con una buena colección de pinturas sobre lienzo que ilustran la iconografía religiosa de los siglos XVII, XVIII y XIX, destacando el Cristo Crucificado que corona el retablo mayor, la Sagrada Familia, la Virgen de Guadalupe, los Frutos de la Misa, el Corazón de Jesús, Santa Rosa de Viterbo, la Inmaculada y la Virgen de la Cabeza.

Altar mayor.






        (Texto tomado de la Declaración como Bien de Interés Cultural)