viernes, 22 de abril de 2016






                     PALABRAS ANTIGUAS AÚN EN USO

Durante años, en mis estancias en el pueblo y en comunicaciones con hablantes fuera de él, he ido anotando cuidadosamente aquellos términos que no aparecen en los diccionarios oficiales y que tienen vida aún en el pueblo. Al principio se trataba tan solo de un mero listado de palabras, pero poco a poco comencé a anotar significados y más tarde apuntes sobre los orígenes de las palabras en cuestión.
En la última fase, concebida ya la idea de confeccionar una especie de diccionario de Cuevas, tampoco existía aún la intención de profundizar en el origen y el uso de las palabras. Deseaba elaborar un listado de palabras con su significado, pero la curiosidad y el hallazgo de algunas etimologías curiosas fueron un acicate importante para emprender un estudio más exhaustivo y más completo.

Abanto 

1. m. Persona desgarbada, grande y torpe. Tipo agresivo, bravucón, aprovechado. 2. m. Ave rapaz de grandes dimensiones. Alimoche. La palabra sirve también para denominar a cualquier ave de gran envergadura de nombre desconocido y, por semejanza, al individuo grande, desgarbado y que actúa de forma torpe.
¡Con lo ordenado que tenía yo todo eso! Estuvo ayer tarde el avanto de tu hermano hurgando por aquí y mira cómo lo ha dejado todo.




Albollón

1. m. Orificio de desagüe de los corrales aprovechado con frecuencia para entrada y salida de las gallinas. A veces su único uso era el pasaje de las aves de corral.
Si no quieres que entre la zorra, tapa bien el albollón del corral.
Cor. El origen de albollón es albañal, del árabe ballâ'ah ‘cloaca’.

Bardal

1. m. Cubierta formada por juncos, támaras, aliagas o arbustos diversos, que se coloca sobre las tapias de los corrales y huertos para proteger la construcción y para disuadir a las alimañas o personas malintencionadas que quieran entrar.
La letra de un popular paloteo de la danza de Cuevas de Velasco dice así.

Canta el gallo en el bardal

sí picó en el pimental.

Sí picó, no picó.

Sí picó que lo vide yo.


Cor. Cita barda, ‘cubierta que se pone sobre las tapias de los corrales’, de origen incierto, probablemente prerromano. Menciona también bardal, bardar y embardar.




Cervatilla

1. f. Mantis religiosa. Insecto del tamaño de un libélula o de una cigarra aproximadamente. Adopta el color del medio en el que ha realizado la última muda, de manera que si se mueve por troncos, será parda; si está sobre la paja, tendrá color amarillento y si anda por la hierba, verde. Se dice que en ocasiones, tras la cópula, la hembra devora al macho.

Aunque parezca algo extraño, si observamos la cabeza de una cierva mirándonos y la figura de una mantis encaramada en una ramita, hay un parecido indiscutible que tuvo que motivar este nombre, cuyo origen no habría manera de explicar de otro modo.

Existe, como se sabe, otro insecto llamado ciervo volante, por la similitud de sus tenazas delanteras con la cornamenta de un ciervo.






Escobón

1. m. Escoba amarga que a fuer de uso y desgaste se reduce considerablemente de tamaño y entonces se emplea para otros usos que requieren frotar con energía, rascar o cepillar a fondo superficies sucias.


Mañana es domingo,

Se casa Perico

Con una urraca

Que no tiene pico.

Atranca las puertas

Con un cañamón,

Abarre las ollas

Con un escobón…



Gobiernos

1. m. Ilusiones, alegría, aire de optimismo.

Hay que ver qué gobiernos lleva la muchacha con la preparación de su boda.



Guardiacivil


1. f. Sardina salada. Popularmente se llama así a las sardinas de bota porque habitualmente se consumían por parejas, como solían hacer sus servicios los números de la Benemérita.

Esta mañana he almorzado dos guardiaciviles con pan y aceite.



Mandanga

1. f. Golpe, azote, cachete. Castigo propinado con la mano.

Mira que te arreo una mandanga si no dejas en paz al gato.

Cor. Piensa que se trata de una voz semijergal de origen desconocido.

El DRAE ofrece significados como ‘cosa despreciable’, ‘degenerado’, ‘sinvergüenza’, ‘holgazán’.

En altoaragonés tiene también el sentido de ‘paliza’, más próximo al de Cuevas.


Moso

1. adj. Hermoso.

Ven acá, moso, que la abuela te va a dormir en el halda.

Hay una aféresis, pues se ha suprimido la sílaba inicial her-


Petanas

1. f. Manchas visibles en la ropa.

¡Dío mío qué petanas llevas! Así no puedes salir a la calle.


Puertas falsas

1. f. En el DRAE la puerta falsa es la que está en la parte trasera de la casa y da a un lugar discreto. En Cuevas de Velasco, la puerta falsa es aquella que consta de doble hoja para permitir el paso de carruajes y caballerías enyuntadas. Es posible que como esta puerta, situada en la parte trasera de las casas normalmente era grande para la entrada de la galera o de la yunta, pues acabase llamándosele así aunque no estuviera situada en la parte trasera. De todos modos el sentido en Cuevas parece algo distinto al del DRAE.

Anda, entra por casa y suelta la aldaba de las puertas falsas, que viene padre con la galera.





Repollo

1.m. En la expresión ir a repollo significa repartir por turnos a las personas mayores por las casas de sus familiares para ser asistidas cuando ya no pueden valerse por sí solas.


Tito

1. m. Orinal. Bacín.

Hay que vacear los titos y fregarlos bien.

Cor. El término procede de la raíz onomatopéyica TI-T- que resulta muy productiva para la creación de voces relacionadas con el mundo de los niños, como sucede con “tito”, denominación de semillas (yero, almorta, guisante) con las que juegan los niños. Tito, ‘orinal para niños’, aunque no surge exactamente de la misma motivación, sí parece tener relación con el lenguaje infantil.



Zaleo

1. m. Individuo torpe, pesado, lento y desaliñado.

¿Y dices que va a ayudarte a descargar el remolque? ¡Estás tú apañao! ¡Menudo zaleo!

Cor. Procede de zalea, y ésta del ár. vg. SALÎHA , der. De SÁLAH, ‘desollar, sacar la piel’.

El zaleo, que originariamente era la piel del animal, por extensión pasó a referirse a cualquier tela vieja, basta, sucia... Es probablemente de este significado de donde se extrae el sentido de
 ‘persona descuidada, desaliñada…’.

jueves, 21 de abril de 2016





           CUEVAS DE VELASCO, PUEBLO DE LEYENDA



Las fiestas del verano, El Cano (DEP), La llamada “Cena de sobaquillo”, que a mí me parece una excelente oportunidad para la convivencia y para la gastronomía de cierta entidad, y El Mercadillo son eventos que hay que estimular, proteger y potenciar en lo posible. Estas tres celebraciones vertebran perfectamente el verano y atraen a cientos de personas que de otro modo no visitarían el pueblo. 

Sabemos que estos festejos solo tienen lugar gracias a que un grupo de personas esforzadas, trabajando desinteresadamente, se implican y se responsabilizan de su planificación, organización y realización. ¡Bravo por estas personas que prestan un magnífico servicio a la comunidad! 

Proponemos otro evento que podría completar todos los veranos el panorama de atractivos y pretextos para venir al pueblo y que consistiría en unas representaciones teatrales al aire libre, en plena calle o aprovechando ciertos lugares del pueblo, como el parque de El Castillo, la Fuente, la Plaza, El Atrio de la Iglesia, el Juego Pelota, El Olmillo…



Siempre hubo una tradición teatral muy fuerte en nuestro pueblo y el que no lo crea que pregunte a las personas mayores.. Incluso alguna vez se llegó a oír que la gente de Las Cuevas tenía madera de cómicos excelentes.

Para este proyecto harán falta actores, claro, y especialmente organizadores. Gente que entienda algo de teatro o que tenga ilusión por participar en este proyecto.



Hay muchas comedias que pueden ponerse en escena en lugares al aire libre, e incluso algunas que pueden representarse en varios escenarios naturales de un pueblo, de noche, o al anochecer.

Podría comenzarse por representar algunas de las leyendas del pueblo, dramatizadas y representadas, en lo posible, en el sitio en el que, según la tradición, tuvieron lugar.



“Cuevas de Velasco, pueblo de leyenda” sería un buen eslogan para difundir y publicitar esta manifestación artística el primer verano.

Si alguien se atreve, podemos echar una mano.

domingo, 17 de abril de 2016




                               LAS NOCHES DE MI ALDEA




La noche cae sobre el pueblo como una gigantesca tapadera. Y no se intuye como un tiempo de transición hacia un nuevo día, sino como un modo distinto de existir, sin esperanza de la luz del sol ni del inexorable ciclo.

En verano, el incesante chirrido de los grillos y el ulular del mochuelo adorna el silencio y humaniza la noche. En invierno el silencio es inquietante, casi dramático. Al hombre, acostumbrado al rumor nocturno de las ciudades, el silencio de la aldea le resulta agobiante. Si se contiene la respiración solo se percibe un zumbido acompasado, profundo, que no es otra cosa que el propio latido.



Cuando sopla el viento gélido del invierno, el silencio enloquece. Entonces son las esquinas desafinadas cuerdas sobre las que frota ásperamente el arco del viento lanzando al aire gemidos y alaridos infrahumanos. El ventarrón arroja bocanadas por las chimeneas y muge furioso en las aristas de la torre. En esos momentos nos invade la sensación de ir a la deriva en medio de una tempestad.




A veces, la luna merodea entre las nubes que pasan raudas y en otras ocasiones el satélite se muestra blanquísimo en toda su redondez, calmoso, gobernando el cielo y esparciendo sobre los campos su resplandor de marfil.

El firmamento sin luna es una bóveda estrellada que se cierne sobre la aldea y la agobia con una sensación de desplome inminente. Nadie que observe el cielo estrellado de nuestro pueblo en una noche de luna nueva puede quedar indiferente. La grandeza del universo, vista de una manera nítida y sin los filtros de las luces de la ciudades se precipita sobre nuestra cabeza de manera apabullante. El cielo nocturno estrellado es un espectáculo de los más grandiosos que ofrece nuestra aldea.




Las noches de lluvia se oye el xilófono triste de las canales y la eterna estrofa del agua sobre las calles y los patios. En ocasiones la pertinaz lluvia se instala en el pueblo y recorre el tiempo vinculada a él hasta hacer llegar a pensar que la existencia de las personas y de las cosas de la aldea solo tiene sentido bajo el signo de la lluvia y que jamás escampará.




El silencio de media noche es en el pueblo como la caída de una pluma. Solo esporádicamente se quiebra esta calma con algún crujido de los maderámenes de las viejas casas, el canto extemporáneo de algún gallo desorientado o el gorjeo del colirrojo tizón (carbonero) que se adelanta al lento amanecer.


viernes, 15 de abril de 2016






                                    MARCAS ENIGMÁTICAS
                           SOBRE LOS MUROS DE LA IGLESIA



Los sólidos muros de la formidable iglesia de Las Cuevas de Velasco han soportado los cuatro siglos y medio de vida con absoluta dignidad. No están construidos con duros mármoles sino con el socorrido y modesto material de la tierra, roca arenisca, pero siguen desafiando el paso del tiempo.




Sobre la piel de la iglesia de la Asunción de Cuevas de Velasco hay cicatrices. Las producidas por la intemperie y la erosión natural se aprecian sobre todo en las cornisas de la enhiesta torre. Pero existen otras marcas practicadas por las gentes del pueblo a lo largo de los siglos. Se trata de señales, incisiones, dibujos, huellas…, algunas de ellas enigmáticas.



En la esquina Este de la sacristía cualquiera puede observar los surcos de desgaste más o menos equidistantes que recuerdan a marcas de conteo. No conocemos exactamente su origen ni su sentido. Desde siempre se ha dicho que tales incisiones se deben a la costumbre de afilar las navajas en la piedra arenisca. Y si bien es cierto que la piedra de arena, a falta de piedras de agua, es un yunque útil para afilar navajas, cuchillos, hoces, guadañas…, nos resistimos a creer que en otro tiempo la gente usase impunemente los muros del templo para aguzar las herramientas.

En la portada de acceso a la iglesia también se aprecian este tipo de marcas.



A la izquierda del arco triunfal que da acceso a la iglesia hay una inscripción muy desgastada que apenas puede adivinarse. Se trata de un antiguo “grafiti” al parecer de buena ejecución, por la calidad de las letras que sí podemos descifrar. Recuerda a aquellos vítores realizados con sangre de toro, aceite, almagre o barniz que se realizaban sobre los muros de las universidades en honor a los alumnos que habían culminado sus estudios con el título de Doctor.



¿Qué dice esa inscripción? No lo sabemos con certeza. Al humedecerla se reaviva su color desvaído y parece mostrarse con algo más de precisión, pero no permite ser leída. Lo que sí parece claro es que la grafía es elegante y que, con todas las reservas, podría pertenecer a los tiempos de la fundación de la iglesia o poco después.

domingo, 10 de abril de 2016





 SIGNOS DE PRIMAVERA EN LAS CUEVAS












         
La primavera es perezosa en Cuevas, como si  el invierno hubiera pactado eternamente con estas tierras y no permitiese ni el más mínimo desacato al rigor del frío. Pero todo llega. Se asoma el tiempo nuevo a la Vega y se muestra a través de sus síntomas inconfundibles: las collejas, los matacandiles, la tardía flor de los frutales, las alfombras verdes en las laderas, el canto de los pájaros...




...

sábado, 9 de abril de 2016




    EXPLORANDO LA CUEVA DEL AGUA


Cavidad por la que se accede al lago subterráneo.

 
La Cueva del Agua suele confundirse con la Cueva de la Mora, porque ambas tienen agua. La segunda está en los confines del pueblo, más allá del Vallejo, y pertenece al término municipal de La Ventosa. Sobre esa cueva hay leyendas, una de las cuales está escrita en este blog. 

Pero no hablo en esta ocasión de aquella lejana y mítica cueva sino de una de las cuevas que hay en el Egido, en la ladera del mirador del Castillo, llamada Cueva del Agua. Casi todas las familias del pueblo poseen alguna antigua cueva de vino en ese lugar.

Entrada a la Cueva del Agua.

Dicha cueva se encuentra en la actualidad abandonada. Hace años, cuando las cuevas comenzaron a dejarse porque ya no eran necesarias para cumplir el cometido de cuevas-bodega que desempeñaron durante siglos, la Cueva del Agua llamaba poderosamente la atención de los niños, pues en lo más profundo de sus galerías había una especie de laguna o de poza con agua, de ahí su nombre.







Hace unas décadas, cuando apretaba la sequía y se buscaban acuíferos para surtir al pueblo, alguien exploró la Cueva del Agua y llegó a instalar una motobomba con el fin de comprobar la cantidad de agua que había en el lago subterráneo y la rapidez con que se reponía una vez vaciado. La bomba trabajó durante largo rato hasta vaciar el importante estanque que hay en lo más hondo del vientre de la cueva, pero, por lo visto, la recuperación era muy lenta, lo que quiere decir que el manantial era de escaso caudal.

Recientemente he tenido ocasión de descender a la Cueva del Agua y, salvo la puerta, hecha añicos por algún vándalo, el resto de la galería se encuentra en buenas condiciones y, por supuesto, encontré al final el lago misterioso.

Lugar donde comienza el lago. Murciélago.

Como el hecho de que haya en el cerro sobre el que se asienta el pueblo un manantial parece cosa extraña, se buscaron explicaciones, alguna un tanto peregrina. Unos decían que ese manantial era el mismo que alimenta el pilar de Las Palomas, en el camino de La Carrasquilla; otros sugerían que quizás tuviera que ver con alguna captación de agua realizada en la época del Castillo de Cañatazor. Todos los castillos tienen su aljibe, cisterna o pozo. Eran imprescindibles para el caso de sufrir asedios. Y lo cierto es que el lago de la cueva del Agua vendrá a parar justamente bajo la explanada del antiguo Castillo del pueblo, a unos diez metros bajo el mirador.



La cueva es de buena hechura, picada completamente en roca de diversas consistencias. Tiene varios nichos para alojar tinajas y también dos galerías laterales, de unos tres metros. Desde la misma entrada, el descenso es continuo, salvándose incluso dos series de peldaños. Hay que esquivar una tinaja atravesada en la parte final de la cueva y unos metros más allá se llega a un estrechamiento que aún permitiría la entrada de un hombre reptando. La cueva es quizás la más larga de las del pueblo.Un murciélago colgado guarda la entrada al lago.

lunes, 4 de abril de 2016






                          TERNO DE CASAR A ISABEL II

De izquierda a derecha: dalmática, dalmática, capa pluvial, casulla. Abajo: estolas y collarines.

Entre el patrimonio que cuenta Cuevas de Velasco hay que destacar unos objetos sagrados de los que la mayoría de los habitantes del pueblo hemos oído hablar, pero que pocos han podido ver. Se trata del famoso terno de casar a la reina Isabel II de España.

Un terno es un conjunto de tres trajes eclesiásticos empleados en la liturgia de la iglesia. Y estas ropas sagradas usadas en el casamiento de la monarca, hija de Fernando VII y madre de Alfonso XII, vinieron a engrosar los bienes de la iglesia de Las Cuevas de Velasco.

El magnífico conjunto de vestimentas está compuesto por: casulla del celebrante, capa pluvial del celebrante, dos dalmáticas (atuendo sagrado usado por los diáconos) de los concelebrantes y otros adminículos, como los collarines y las estolas.

Collarines


Como corresponde a una ceremonia de tal alcurnia, el terno es una auténtica obra de arte de tisú bordado en plata.

A la izquierda, las estolas y los collarines. En primer término, otros objetos de culto.


Según cuenta Antonio Ballesteros en su libro Historia de las Cuevas de Velasco, un antepasado suyo, don Acisclo Ballesteros García, llegó a ostentar el alto cargo de Capellán-Sacristán de la Capilla Real de sus majestades Fernando VII e Isabel II. Y fue este personaje el que recibió el obsequio del terno con el que se habían celebrado los desposorios reales y lo regaló a la iglesia de Las Cuevas. 

La boda real tuvo lugar en la capilla del Palacio Real, el día 10 de octubre de 1846.

Isabel II