viernes, 22 de septiembre de 2023

 

                              EXCURSIÓN A SOTOCA


Vega de Sotoca con la fuente Romana junto a los chopos.

Panorámica de Sotoca.



Sotoca tiene un pueblo homónimo en Guadalajara, como sucede con muchos de estos lugares que se repoblaron tras la Reconquista con contingentes humanos procedentes de tierras más al norte. Google asegura que Sotoca procede de soto, montecillo, dicho de modo despectivo, como quien dice.

Desde Cuevas de Velasco hasta Sotoca hay unos siete kilómetros en línea recta, pero la carreterita que nos conduce hasta allí, y que pasa por Villar del Saz, nos obliga a dar un rodeo de más de 12 km.

El pueblecito, que llegó a alcanzar más de 200 habitantes en sus tiempos de esplendor, hoy cuenta con algo más de una docena de almas, la mayor parte veraneantes. Y si nos atenemos al censo más reciente, la señora Antonia y Martín son los únicos que pueblan la localidad.

Sotoca se encuentra en un valle escondido en el último rincón de la vertiente atlántica de la sierra de Cabrejas. Al viajero le llama la atención la dispersión de las pocas casas que siguen en pie, menos de una veintena. Los otros elementos que destacan son el abundante arbolado, que proporciona al lugar un aire amable y sensación de frescor, los dos peñascos que franquean la aldea por el norte, el de El Palomar y El Peñón, y la pequeña iglesia con espadaña y dos vanos para campanas.
Sotoca a vista de pájaro desde El Peñón.


                                     
Nos recibe Maricruz, quien pasa estos días de la canícula con su madre en Sotoca. Madre e hija, se deshacen en atenciones hacia nosotros.

El recorrido turístico, si se me permite la expresión, comienza por una fuente situada a las afueras, la Fuente Romana. Se trata de una construcción antiquísima y de unas hechuras que recuerdan las características de la arquitectura romana: muros de sillería regular y bóveda de medio cañón. El tejado, a dos aguas, queda también conformado por grandes losas regulares y uniformemente alineadas. La fuente, cuya entrada queda protegida por un enrejado, continúa hoy recogiendo y almacenando el agua de un manantial.

Detalle de la cubierta de la Fuente Romana
Frontal de la Fuente Romana

  


Depósito interior de la fuente.


Entre la Fuente Romana y el pueblo se alza una extraña construcción sobre una loma que recuerda a un fortín. Maricruz hija nos aclara que se trata del antiguo cementerio.

Atraen nuestra atención dos añosas moreras plagadas de moras rojas y negras. Tomamos unas pocas y su potente sabor nos recuerda a algunos de estos árboles, pocos, que quedan por Cuevas y a los que solemos visitar cada año en Valdecabrillas por San Lorenzo.

Como resultado del derrumbe de casas por el abandono y la limpieza de solares, la plaza del pueblo presenta un aspecto abierto y diáfano. En ella hay una fuente moderna, con siluetas de don Quijote, Sancho y los molinos, que pone el contrapunto a la Romana.

La señora Antonia Ballesteros, uno de los dos habitantes fijos, se refiere con nostalgia a los años en los que Sotoca era un pueblo con sus gentes y sus tradiciones vivas. Luego nos explica cómo se las arreglan para recoger el pan, para comprar las vituallas básicas y para otros menesteres.

Visitamos la llamada Fuentecilla, situada bajo El Peñón, de la parte que mira al pueblo. El agua es finísima.



La Fuentecilla.



Pileta de la Fuentecilla.



La iglesia de La Purísima, de una sola nave rectangular y espadaña, presenta una aspecto cuidado y aseado. Destaca el retablo mayor con la imagen del Cristo de la Misericordia, el púlpito de madera pintada sobre un pie exento y la pila bautismal, de una pieza de arenisca, aunque con algún arreglo.
Portada de la iglesia de La Purísima.
Espadaña de la iglesia.




    


Pila bautismal de la iglesia de La Purísima.
Cueva excavada en roca.

Al norte del pueblo se alza la mole de El Peñón, célebre en los pueblos de la comarca por alojar en su vertiente norte decenas de cuevas-bodega que dieron fama al lugar. El vino de Sotoca siempre fue muy estimado.

Las cuevas, muchas de ellas excavadas en la roca arenisca, son de buena factura y varias cuentan con la pileta-lagar y numerosos nichos con sus tinajas. Un veraneante nos informa de que hace ya años vinieron ladrones de tinajas y se llevaron cuantas quisieron, sobre todo de las pequeñas, fácilmente transportables.


  


Interior de una cueva de El Peñón.





Sobre El Peñón se aprecian restos de una antigua fortificación, quizás un castillo que aparece nombrado en documentos antiguos. El foso de dicha fortificación se conserva bien visible.


Tajo en la roca compatible con el foso de un castillo.

Desde el peñasco se obtiene una amplia panorámica del valle, destacando un enorme covacho en donde seguramente se refugiaron los primeros habitantes del valle. Más tarde sirvió como palomar, de donde toma el nombre actual, e, incluso, sirvió como cueva experimental para el cultivo del champiñón.

Sotoca y El Palomar vistos desde El Peñón.

Nuestras amables guías nos muestran después el viejo edificio de la escuela, actualmente adaptado como bar de servicio libre. Luego nos enseñan también la casa donde reposan estos días de agosto.

Antigua escuela de Sotoca.


Tras departir un rato con el grupo de veraneantes, abandonamos el pueblo con destino a Cuevas pasando al lado de la ermita de San Roque, el otro santo por el que los sotoqueños muestran especial predilección.

Eh aquí un pueblo perfectamente representativo de la España abandonada. Sotoca va camino de su desaparición. Hemos visto cómo pueblos pequeños perdían sus últimos moradores y luego iniciaban un periodo de decadencia definitiva hasta convertirse en solares. Ahí está el caso de Villalbilla, el de Valdecabrillas o los de, remontándonos a otro tiempo, Uterviejo o Caracena del Valle.




Villalbilla, cerca de Sotoca.

Últimos restos en pie de Uterviejo, pueblo que se hallaba próximo a Caracenilla.

Ruinas en Valdecabrillas.


Restos de la iglesia de Caracena del Valle.

Hoy ya se ve como inevitable que la provincia de Cuenca perderá más de la mitad de sus pueblos en unas décadas. ¿Alguien sabe cómo evitar esta debacle?


jueves, 31 de agosto de 2023

   
                              DOS MIL PINOS TALADOS


Enormes camiones cargados de troncos de pinos circulan por el pueblo estos últimos días del mes de agosto. Llegan al pueblo de vacío por la carretera de Cuenca, suben a la plaza, donde dan la vuelta, y bajan de nuevo para tomar el camino de las cuevas del Terrero. Luego atraviesan las eras y descienden por el camino de la ermita hasta tomar la carretera del Villar que abandonan al poco para encaminarse al Monte de Abajo por la pista de la Edesa. Luego, ya cargados, realizan el recorrido a la inversa.

Camión cargado de troncos abandonando el pueblo en dirección a El Provencio.


Hace ya un año se marcaron unos dos mil pinos para ser talados. Parece que la idea llegó de las autoridades de Cuenca o de la Comunidad. La idea era talar pinos a ambos lados de la pista que cruza el monte, cincuenta metros a cada lado. El propósito que se perseguía era ampliar el potencial del propio camino como cortafuegos, aclarando a ambos lados medio centenar de metros de pinos.

El caso es que se han cortado alrededor de dos millares de árboles, algunos de excelente porte con hasta 12 metros de longitud y un diámetro a 1,30 m de altura de más de 40 cm. Muchos de los ejemplares talados superaban los cincuenta años de existencia, llegando otros casi al siglo de vida.

Pino talado en nuestro monte. Puede apreciarse su edad.


Uno, que no entiende mucho sobre protección de los montes, esto de cortar pinos para evitar que se quemen los montes le parece que es como sacar los muebles de una casa y llevárselos para que en el caso de incendio del inmueble las llamas vayan más lentas y se puedan aprovechar los muebles rescatados.

Pino marcado para ser talado.


Antes estas labores de limpieza y aclarado de los montes la realizaban los rebaños y los habitantes del pueblo. Estos realizaban limpias intencionadas y organizadas para hacer acopio de leña para hornos y cocinas. Por otro lado, las entre tres mil y cinco mil cabezas de ganado (ovejas y cabras) que llegó a haber en el pueblo de Cuevas se encargaban de mantener a raya los arbustos de crecimiento rápido y de repelar todos los pastos que hallaban a su paso. Solo en el Monte de Abajo quedan aún vestigios de al menos ocho o diez corrales de ganado.

Camión cargado de troncos del Monte de Abajo.


Hoy día se plantean dos problemas de envergadura: uno es cómo evitar los incendios y otro es cómo apagarlos. Hay campañas para evitar el fuego en nuestros montes, pero la pertinaz sequía y el tan traído y llevado cambio climático no dan tregua. Cada año hay más superficie de bosques que desaparecen por las llamas.

Efectivos tratando de apagar el fuego que se declaró en Cuevas de Velasco en el año 2000.


La verdad es que hay otros muchos factores que ponen en riesgo los montes. Por ejemplo, cada día hay más pistas y senderos que atraviesan las zonas arboladas. Y al acceder gente de toda condición, siempre es más probable que haya algún imprudente o algún energúmeno incendiario. Y sin embargo, creo que hay que desterrar ideas como “al monte, cuanto menos vaya la gente, mejor” o “lo mejor para proteger el monte es no ir” Se trata de ideas cavernícolas, muy negativas incluso para la propia integridad de los montes. ¿Qué cariño o qué apego puede sentir una persona hacia un bosque al que no le dejan entrar? Los montes públicos son bienes públicos y pueden entenderse, por supuesto, restricciones o prohibiciones puntuales para facilitar la regeneración de los espacios naturales, pero el cerrar el monte a los ciudadanos es el mejor modo de condenarlo. Justamente se trata de lo contrario, es decir, de hacer partícipes a los senderistas, paseantes, fotógrafos, naturalistas, buscadores de hongos, familias… a todo aquel que busca en los montes la belleza y los dones que nos ofrece la naturaleza. Se trata de hacer que cada persona que pasea por estos bosques los sienta un poco suyos y que entienda bien que posee un gran tesoro.
















miércoles, 10 de mayo de 2023

 

CAMBIOS EN LOS NOMBRES DEL PUEBLO EN LOS ÚLTIMOS 4 SIGLOS




      CAMBIOS EN EL NOMBRE DEL PUEBLO EN LOS ÚLTIMOS 4 SIGLOS


Desde sus orígenes hasta el siete de marzo de 1679



Cuevas de Cañatazor

El día diez de marzo de 1679 aparece como..


Cuevas de Velasco


En el año 1699 nuestro pueblo figura como...



Cuevas de Cañatazor y Velasco

Desde el año 1705 hasta el año 1718



Las Cuevas del Rey

A partir del año 1718 se denomina...



Cuevas de Velasco

Desde el año 1810 hasta el año 1814 se denomina...



Cuevas del Rey

A partir del año 1814 se llama de nuevo ...



Cuevas de Velasco

Desde el día 19 de octubre de 1976 (solo a efectos de ayuntamientos y juzgado)



Villar y Velasco




Después de la invasión napoleónica, la derrota de las tropas francesas en Bailén forzó al Emperador a entrar en España con un ejército de 200.000 hombres con el fin de reponer a su hermano José I en el trono de Madrid.

Durante su estancia en Madrid, el emperador Napoleón promulgó los llamados Decretos de Chamartín que suprimían la Inquisición, disolvían el Consejo de Castilla, arremetían contra el excesivo número de frailes y, por lo que nos interesa a nosotros, abolía la jurisdicción señorial, declarando que no habría más jurisdicción que la real.

Creemos que fue a raíz de este decreto cuando se determinó cambiar el nombre de Cuevas de Velasco por el de Cuevas del Rey.

En el 7º libro de bautismos de la parroquia de la Asunción de Cuevas de Velasco puede observarse este cambio de nombre que se mantuvo desde el año 1810 hasta el año 1814.

Resulta curioso ver los malabarismos que los curas de la parroquia realizaban hasta adoptar el nuevo nombre. Se refieren al pueblo como “Cuevas del Rey, anteriormente llamado de Velasco”, “Cuevas del Rey, alias Velasco”, “Cuevas de Velasco o del Rey”…, mientras que en otras anotaciones se opta por eliminar el segundo nombre: “En la villa de Las Cuevas”.

Pero lo cierto es que durante más de tres años se usó exclusivamente Cuevas del Rey.

Los cambios de nombre más antiguos de los que se tienen noticia habían tenido lugar ya en los siglos XVII y XVIII. Antonio Ballesteros los recoge bien en su libro Historia de Las Cuevas de Velasco.





lunes, 19 de diciembre de 2022


¿DÓNDE ESTÁ EL ARCHIVO DE LA IGLESIA DE CUEVAS?

Al fondo, edificio que custodia el Archivo Diocesano de Cuenca en la Ronda de Julián Romero. Cuenca.


La parte más importante del Archivo de la Iglesia de Cuevas de Velasco está en Cuenca, custodiado dentro del Archivo Diocesano de Cuenca.

Desde el año 1977 el Obispado de Cuenca decidió concentrar los archivos dispersos de las pequeñas parroquias en el gran Archivo Diocesano. Se tomó esta decisión porque ya durante la guerra (1936-1939) se quemaron o destruyeron casi un tercio de los documentos existentes en las parroquias. También se temía, como está sucediendo, el galopante abandono de los pueblos que deja obras de arte y material valioso, como los archivos, expuestos a robos o simplemente negligencias de conservación por el deterioro de los edificios.

Durante algún tiempo parece que estos fondos se ubicaron en dependencias del propio Palacio Episcopal, pero actualmente se hallan en un edificio anexo a la propia catedral de Cuenca.

Palacio Episcopal de Cuenca.

Los documentos que se recogieron de las parroquias abarcan desde los libros sacramentales (de bautismos, confirmaciones, matrimonios, defunciones) hasta cantorales, devocionarios, libros de fábrica, capellanías, cofradías, etc.

Como es lógico, una parte de estos archivos, los más recientes, permanece en las parroquias, por si fuese necesario consultar algún registro. En la de Cuevas puede encontrarse información desde finales del siglo XIX hasta la fecha.

Libro de registro de bautismos.


Nuestra parroquia es una de las que más fondos conserva en el Archivo Diocesano de Cuenca. Concretamente hay 51 libros cuyas anotaciones más antiguas datan del año 1570, es decir de antes de la construcción de la iglesia actual.

Para hacerse una idea de qué información contienen esos 51 libros podemos consultar los libros escritos por Antonio Ballesteros (Historia de Las Cuevas de Velasco, primera y segunda ediciones).

Torre de la iglesia de la Asunción. Cuevas de Velasco.



Arco triunfal y puerta del mediodía de la iglesia de la Asunción. Cuevas de Velasco.


Más allá de la historia del propio edificio de la iglesia, de su construcción, de la construcción de los altares y de las modificaciones habidas a lo largo de los siglos, el grueso principal del Archivo lo forman los llamados libros sacramentales. En estos libros están anotados con precisión los nacimientos, bautismos, confirmaciones, matrimonios y defunciones de todas las personas que recibieron los sacramentos en la Parroquia de la Asunción de Cuevas de Velasco.

Cabe destacar que antes del siglo XX era la iglesia la que se encargaba del registro que en la actualidad realiza el estado.

El conjunto de 51 libros apergaminados procedentes de nuestro pueblo puede arrojar datos interesantes sobre la iglesia y su historia, las ermitas, los sacerdotes, las cofradías, fiestas, etc. Por consiguiente es un tesoro de incalculable valor para profundizar en el pasado de Cuevas de Velasco.

En la actualidad los investigadores no pueden acceder al Archivo con teléfonos móviles, bolígrafos, carpetas y otros utensilios no imprescindibles para su labor.

Grafía antigua empleada en un libro de bautismos.

Como ya hemos señalado, Antonio Ballesteros, quien tuvo ocasión de investigar estos libros antes de ser trasladados al Archivo Diocesano, nos dejó una buena muestra de su contenido en sus dos publicaciones. Pero hay muchas más utilidades por explorar. Por ejemplo, la consulta de estos documentos puede permitirnos formar nuestro árbol genealógico. Eso sí, siempre que nuestros ascendientes procedan de Cuevas. La lectura atenta de toda esta documentación nos permitirá también averiguar cómo estaba configurada la sociedad de un pueblo en los siglos XVII, XVIII y XIX. Igualmente nos permitirá estudiar aspectos como la natalidad, la esperanza de vida, la mortalidad, la emigración y la inmigración, la procedencia de los apellidos, etc.

Libro apergaminado empleado en los registros sacramentales.

En fin, tratamos de poner de relieve la enorme importancia del conjunto de libros depositados en el Archivo Diocesano, y recordar a todo el pueblo que este es otro de nuestros principales tesoros culturales.













lunes, 12 de diciembre de 2022

                              LOS TRES CRISTOS 

Cristo de la Misericordia y de la Salud de Cuevas de Velasco.


El Cristo de la Misericordia y de la Salud es una talla de considerable mérito artístico que se encuentra en la iglesia de la Asunción de Las Cuevas de Velasco. 

La historia de esta escultura está jalonada de sucesos asombrosos, como la primera restauración, en Olot, el ocultamiento durante la contienda civil en diversos lugares del pueblo o la segunda restauración con el hallazgo de una talla de buena factura bajo los estucos. 

Sobre el Santísimo Cristo de la Misericordia y de la Salud, patrón de Las Cuevas de Velasco, se ha narrado desde hace muchísimo tiempo una historia sorprendente. Contaban los ancianos que en el taller del escultor que talló el Cristo de Las Cuevas se realizaban otros dos trabajos singulares simultáneamente. 

Existen serias discrepancias sobre cuáles eran las tres imágenes que se cincelaban y cada persona que narra los hechos asegura que allí estaba el cristo de su devoción. Además del Cristo de Las Cuevas, unos hablan del Cristo de la Caridad del convento de San Miguel de las Victorias, de Priego; otros afirman que la segunda de las tres tallas era la de Nuestro Padre Jesús, de Sisante, mientras que la tercera escultura parece que era el antiguo Cristo de La Ventosa. 

Cristo del convento de San Miguel de las Victorias, de Priego. De espaldas.

Cristo de la Caridad, de Priego. Vista frontal.


La España de la época a la que pertenecen estas tallas era una nación pujante que administraba un imperio poderoso. Se creaban magníficas obras de arte de ricos materiales. Abundaban los talleres de orfebres, plateros, pintores, imagineros, canteros… Y si el tallista recibió estos tres encargos casi al mismo tiempo es de suponer que regentase un taller de cierta importancia. 


Nuestro Padre Jesús el Nazareno, de sisante.

En este sentido cabe destacar que cuando hace unos años se realizaron los trabajos de restauración del Cristo de la Misericordia, en la Universidad Autónoma de Madrid, se halló bajo una gruesa capa de estucos la talla original realizada en madera de pino, con una apariencia notablemente distinta de la que poseía revestido de yesos, escayolas, estopas y pinturas. Sobre dicha talla recuperada se aprecia la labor de un artista cuya obra recuerda algunas características de la afamada escuela de Gregorio Fernández, de Valladolid. 

Como se sabe, los maestros escultores solían crear el boceto inicial, ponían a trabajar en la obra a sus discípulos o aprendices que eran quienes desbastaban la pieza e iban extrayendo las formas de la imagen. Finalmente era el imaginero titular el que labraba la parte más delicada transmitiendo así su sello personal a la obra. 



Cuenta la leyenda que en el taller donde se esculpían los cristos, los tres encargos estaban a punto de ser finalizados. Ya habían concluido los discípulos su trabajo y era el maestro el que daba ahora los últimos retoques a las tres esculturas. Trabajó afanosamente durante días en esa atmósfera de los talleres escultóricos en la que las figuras están al filo de cobrar vida. 

Un día observó durante un buen rato sus tres magníficas obras pensando en darlas por acabadas, pero en un afán de perfeccionismo, propio de los grandes artistas, aún cinceló algunos detalles delicados que proporcionaron a las figuras más belleza si cabía. 

Cristo de La Ventosa.


Finalmente, satisfecho con su trabajo, echó una última mirada a las tres imágenes situadas ante él y se volvió para ordenar las herramientas y ponerlas en sus lugares. Entonces fue cuando tuvo lugar el prodigio que se cuenta. Uno de los tres cristos habló con voz grave y dijo: “¿Con qué ojos me has mirado que tan bien me has dibujado”? Rodaron por el suelo gubias, cinceles, formones y mazos. El maestro quedó paralizado por lo que acababa de escuchar. No daba crédito al portento que tenía lugar en su taller. Miró atentamente a los rostros de sus tres cristos. Se aproximó despacio y pasó, tembloroso, las yemas de sus dedos por las comisuras de los labios de las tres imágenes, lentamente, como si esperase que el contacto fuese a hacer brotar de nuevo el don de la palabra en la figura que había hablado. Pero las tres esculturas permanecieron mudas. 

Detalle de la cara del Cristo de Sisante.

No solamente por la belleza de los trabajos realizados sino también por haberse hecho merecedor del prodigio divino debemos suponer que el escultor era un hombre adornado copiosamente de virtudes como el talento artístico. No lo sabemos. 

El caso es que el hombre no supo cuál de los tres cristos había hablado. Salió de su taller presa de una gran inquietud. Llegó a su casa y contó a sus familiares lo sucedido e, inmediatamente después, cayó al suelo muerto. 

                                               

Dos fases del proceso de realización de una talla.

Al poco tiempo del suceso, los tres cristos salieron del taller con destino a sus lugares de culto. Y ya fuera porque el asombroso prodigio comenzó a propagarse o bien porque los devotos los acogieron en sus lugares de destino con mucho fervor lo cierto es que, en efecto, los tres cristos se cuentan entre los que más milagros han obrado. 

Los más ancianos quizás recuerden aún las decenas de exvotos que pendían de los muros alrededor del Cristo de la Misericordia, exvotos que significaban reconocimiento por una gracia obtenida o por un milagro realizado. Del mismo modo, el Cristo de Priego se expone en un camarín en el cual podían verse cientos de presentes para agradecer intervenciones milagrosas. 

Sobre la procedencia de la imagen del Cristo de la Misericordia y las razones de por qué se erigió en santo patrono de Las Cuevas de Velasco en sustitución de san Bartolomé se sabe bien poco. Es posible que tal hecho tenga relación con la leyenda.

Taller de escultor.