sábado, 21 de octubre de 2023

                                  GIRASOLES

El girasol inunda nuestros campos desde junio hasta octubre cada año.


Este año, la siembra estuvo llena de dificultades por la escasez de lluvias y luego por las lluvias torrenciales.

                 



En la primera fase los girasoles pintan de esmeralda  los campos.

                            


Se trata de un cultivo que alterna bien con los cereales.


La raíz del girasol extrae de la tierra nutrientes que otras plantas no utilizan. 



El girasol es el cultivo ideal para la rotación en estas tierras de la Alcarria.


Los girasoles cubren los campos de grandes flores que atraen a las abejas. Ayudan también a mantener la diversidad.


Los corzos, los ciervos, los jabalíes y una larga serie de especies de aves se alimentan de los girasoles.



Los agricultores reciben ayudas que no superan los 40 E por hectárea. 



Los girasoles ayudan también a controlar las plagas y la maleza.



El girasol es resistente a las sequías, siempre que no sean extremas.



El rendimiento por hectárea es muy variable. Oscila entre los 800 y los 2000 kg.



La temperatura ideal para los girasoles está alrededor de los 20 a 25 º. A partir de los 30º no grana bien la semilla.



Cuando los campos de girasoles presentan este aspecto desolador es justo cuando llega el momento de su recolección.



Las semillas de girasol se utilizan para pienso de animales, aceite, perfumería, jabones...




Hacia primeros de octubre o finales de septiembre llega la recolección del girasol.



Las cosechadoras seleccionan las semillas y arrojan el resto de la planta triturado.







Las semillas de girasol se dejan unos días oreándose en las eras.



Uno de los productos estrella del girasol es el aceite, muy valorado en cocina y muy saludable.







lunes, 16 de octubre de 2023


TACAS, CRÍSPULO Y EL TÍO MAYORAL, ARRIBA PERNAL

Piedra de pedernal ante una encina. Paraje de El Llano.

Cuevas de Velasco es tierra de pedernales. Estos pedruscos afloran a la superficie de los campos, como si fueran gigantescas almendras garrapiñadas, como si se tratase de descomunales colmenillas (cagurrias les dicen aquí) de caprichosas formas. Y desde antiguo se conoce bien que justamente esta clase de rocas, formadas por una variedad de cuarzo llamado sílex, presentan una dureza proverbial. Tanto es así que se eligieron hasta la llegada del hormigón como material preferente para echar los cimientos de las paredes y los firmes de los pisos de las casas.


Hay entre los nombres de lugares de Cuevas varios que hacen referencia a estas rocas: El Pernal, situado en las inmediaciones de la carretera de Villar del Maestre; otro Pernal, situado en una esquina en la confluencia de las calles Atocha e Iglesia, y la denominada Hoya del Pernagal, que remarca la abundancia de pernales o pedernales por la zona.

Sobre quiénes eran los tres tipos de nuestra historia, Tacas, Críspulo y el tío Mayoral, hay poco consenso entre los informantes. Se cree que dos de ellos eran familia, posiblemente padre e hijo, y el tercero debió ser un albañil del lugar.

Recreación de Estudio de tres campesinos, de Van Gogh.

El caso es que estos tres sujetos andaban cavando la zanja para echar cimientos a la que iba a convertirse en una de las viviendas más grandes de Cuevas. Nos referimos a la casa que cierra la plaza por el suroeste, llamada Casa del tío Rafael, El Carnicero, por ser la familia de este la última en habitarla.

Antigua casa del tío Rafael.



Pero los hechos seguramente sucedieron un par de siglos atrás. Debió de ser hacia finales del siglo XVIII cuando se levantó esta casona que ocupa toda la manzana delimitada por la Plaza, La Entreplaza, la calle de San Luis, o de Las Ventanas, y la calle de La Soledad.

El relato que ha llegado hasta nuestros días, atesorado ya en la memoria de muy pocos, comienza justamente en el momento en que los tres mencionados, Tacas, Críspulo y el tío Mayoral, discurrían sobre el modo de acarrear la piedra para construir los cimientos, porque lo que sí tenían muy claro era que había que cimentar la casa de modo bien firme. El edificio que iba a levantarse en ese lugar sería imponente y solo la iglesia descollaría sobre su alzada. Era necesario que los muros estuviesen asentados sobre la roca más dura, la que pudiera desafiar el paso del tiempo y sostener toda la edificación. No había otra alternativa que llenar la enorme zanja de pedernales.




Y así, inspeccionaron los alrededores del pueblo hasta que dieron con El Llano, lugar donde se sabía que estos enormes mazacotes de cuarzo quebraban vertederas y arromaban las rejas de los arados. Sin embargo pronto se percataron de que aquellos peñascos no se dejaban manejar fácilmente. Cargarlos en un carro o, peor aún, sobre unas narrias, requeriría la fuerza de muchos hombres. Y en conjeturas sobre cómo solucionar aquel problema se les iba el tiempo sin soluciones prácticas.

Se desataron habladurías por el pueblo sobre la inoperancia de aquella curiosa tripleta de constructores. Y, como vieran los tres que hasta los niños venían a reírse de ellos porque no tomaban ninguna determinación, comenzaron a inquietarse.

Una tarde se citaron en la cueva de uno de ellos para deliberar y allí, entre trago y trago, comenzaron a proyectar cómo bajar los pernales, algunos del tamaño de tinajas de dieciocho arrobas, desde El Llano hasta la plaza de la Villa.

Y es en este punto del relato que nos ha llegado donde parece que sucedió un hecho inexplicable: Tacas, Críspulo y el tío Mayoral, ya entrada la noche, después de su conciliábulo, comenzaron una actividad frenética. Y así, con las primeras luces del alba, las zanjas abiertas para la cimentación de la casa aparecieron llenas de grandes pedernales, lo que causó gran extrañeza entre los vecinos y alarmó a más de uno a medida que iban acercándose a la plaza a contemplar el sorprendente trabajo realizado durante la noche.


Grandes pernales alineados en los cimientos de la casa de la plaza.



¿Cómo era posible que aquellos tres a quienes el personal del pueblo tomaba por gente floja y poco resolutiva hubiera sido capaz en tan solo una noche de bajar desde El Llano la piedra necesaria para los cimientos de la casa? ¿Quién o quiénes les habían ayudado? ¿Cómo lo habían logrado? Porque de lo que no cabía la menor duda era de que aquella era una faena para una cuadrilla larga de hombres fornidos durante un par de semanas.

En los días siguientes a la hazaña se rumoreó por el pueblo de Cuevas que un pastor que había salido del lugar por el Camino de Cuenca, la noche de marras, antes de despuntar el día, había visto sombras como de titanes o gente forzuda transportando a hombros pesadas piedras. Y añadía, sorprendido, que la oscuridad y las espesas nieblas no le habían permitido reconocer a aquellos esforzados personajes, pero que oía a cada instante, repetido machaconamente, como un ensalmo: “¡Tacas, Críspulo y el tío Mayoral, arriba pernal!, ¡ Tacas, Críspulo y el tío Mayoral, arriba pernal!


Preguntaron a los alarifes qué es lo que había sucedido aquella noche, pero los tres parecían haber sellado un pacto de silencio. No abrieron la boca, lo cual desató una serie de recelos y conjeturas, porque cualquier intento de explicar el fenómeno como algo normal, realizable por seres humanos, se venía abajo. Saltaba a la vista que aquellos monumentales pedernales no podían transportarse a hombros ni siquiera en bestias, carros o andarajes de arrastre en tan poco tiempo.

Y como un rumor lleva a otro y este alimenta a un tercero y de un paso a otro van encorpando y cobrando tintes fantásticos e incluso míticos, lo cierto es que el pueblo entero acabó por pensar que aquella desgraciada noche los tres habían establecido un pacto con el Demonio para que les ayudase a trasladar los pernales dispersos por El Llano hasta la zanja de la plaza.

Otra de las explicaciones que corrieron de boca en boca es que uno de los tres, posiblemente Tacas, ya tenía acreditada cierta fama de nigromante y adorador del Diablo y se valió de esta siniestra amistad para proponer un desafío a los otros.

La casona de la plaza sigue en pie y, aunque se dividió en tres propiedades, muestra aún, hoy día, las pruebas patentes de aquel prodigioso hecho: a lo largo de un tramo de la fachada se ven los pedernales que siguen sustentando el edificio.

Vista de la casa de la plaza.

Fuera como fuese, lo que parece incuestionable es que aquella noche de los tiempos de Maricastaña, tuvo lugar en Cuevas de Velasco un suceso insólito y misterioso. Y desde entonces, cuando alguien recuerda o saca a colación el consabido sortilegio “¡Tacas, Críspulo y el tío Mayoral, arriba pernal!” el personal aún siente cierta aprensión.

¿Creen ustedes que en verdad hubo un pacto con el Diablo?

miércoles, 4 de octubre de 2023



               EL GAZPACHO ALCARREÑO
        (migas con patatas, galianos, gazpacho viudo)





Estamos ante una comida procedente de la gastronomía pastoril. El original gazpacho, el manchego (no confundir con el gazpacho andaluz) se arreglaba con caza o, en su defecto , con pollo, conejo y tortas de harina de trigo. Pero, como sucede en tantos casos, en nuestro pueblo y en toda la comarca se extendió una variedad que prescindía de la carne. Así surgió este excelente plato que recibe varios nombres: galianos, gazpacho viudo o migas con patatas.





Este gazpacho alcarreño o serrano, sin carne, resulta que hoy cobra su importancia ante el auge de la comida vegetariana. De hecho, hace unos días vino a casa una señora vegetariana y cuando le ofrecí esta comida ancestral no cesaba de alabarla y no hacía más que preguntarse cómo no conocía ella esta exquisitez.

Para cocinar este plato necesitaremos aceite de oliva virgen extra, ajos de calidad, torta cenceña o pan de reaprovechamiento, pimentón dulce, un caldo de verduras, que puede sustituirse por agua, sal, patatas y uvas. Es verdad que hay otras variantes que incorporan también cebolla, pimienta y alguna planta aromática, como el romero, el tomillo, la morquera, la pebrella…


La torta cenceña puede sustituirse por pan, puesto a remojo si está duro. La torta gazpachera es el resultado de amasar harina de trigo con agua y una pizca de sal, sin otro añadido.


 
Lo suyo era cocerlas al horno, a la losa de la lumbre y en la actualidad se usan asadoras, microondas, etc. Si compramos una torta envasada al vacío o que lleva varios días hecha conviene ponerla a remojo un rato antes de comenzar a negociar la comida.




Lo primero es poner el caldo de verduras, para lo cual en una olla con agua abundante pondremos: 1 cebolla troceada, 2 dientes de ajo machacados, 2 zanahorias, 1 patata troceada, 1 tomate bien maduro o unas cucharadas de tomate embotellado, un poco de calabaza o calabacín, un trozo de pimiento, una hojita de laurel y, si disponemos de ello, algo de apio, 1 puerro y 1 nabo. También se añade una pizca de sal, poca, y un chorro de aceite de oliva. De cualquier modo, sabemos que hay mil maneras de obtener un caldo de verduras.
                                                    


Mientras echa a hervir el caldo de verduras, ponemos al fuego una sartén honda con aceite de oliva de calidad y sofreímos unos dientes de ajo. A medida que van dorándose un poco los apartamos y los reservamos.

A continuación hacemos unas patatas fritas. Tomamos una patata por comensal, las pelamos y las troceamos, bien en rodajas, bien en la forma en que se cortan para la tortilla. Las freímos hasta el momento en que comiencen a dorar, las escurrimos con la paleta y las reservamos.


En el mismo aceite se pone una cucharada generosa de pimentón de nuestro gusto. Si el aceite está muy caliente procede apartar la sartén de la llama mientras lo movemos un poco y se sofríe con cuidado.

Inmediatamente después se añade la torta cenceña, que previamente se ha despizcado a mano en trocitos de pellizco. Se ponen un par de puñados menguados por persona. Se empapa bien con el aceite que porta los aromas de los ingredientes anteriores y se cubre generosamente con el caldo de verduras (en su defecto, agua). Insisto en que debe ponerse mucha cantidad de caldo porque la torta absorberá mucho líquido y el guiso debe quedar al final jugoso.



Llega el momento de hervir la torta durante unos veinte minutos o más, dependiendo de la cantidad. Salpimentamos a nuestro gusto y ponemos alguna hierba aromática de las mencionadas. Durante este tiempo se va removiendo para que no se pegue al fondo de la sartén. Cuando se hayan absorbido o evaporado dos terceras partes del caldo añadiremos las patatas fritas y los ajos fritos. Y a partir de ese momento trabajamos bien todos los ingredientes. Probamos la comida cuando aún puede disolverse la sal, por si le faltase.





Las migas con patatas estarán hechas cuando al voltearlas con la paleta sacamos del fondo zonas un poco socarradas. Eso sí, el guiso debe quedar jugoso.



Serviremos en la sartén, a la antigua usanza, o en plato individual, como se quiera, acompañando con unos granos de
uva. ¡Que aproveche!




Hay que señalar que, dado que se trata de una comida sin carne ni pescado, los demás ingredientes deben ser de calidad contrastada, tanto los ajos, como el aceite, como las patatas, el pimentón, etc.








domingo, 1 de octubre de 2023


    UN MONUMENTO A LOS DANZANTES

Los danzantes ante la puerta de la iglesia para recibir al Santísimo Cristo.


La danza de Cuevas de Velasco es una manifestación artística de primer orden. Esto está fuera de toda duda y en ello hemos insistido en numerosas ocasiones.

En esencia, la danza la realizan ocho danzantes, un alcalde de danza y los músicos, con dulzaina castellana y tambor. El atuendo de los danzantes es muy llamativo, de vivos colores: pañuelo al modo serrano en la cabeza, camisa blanca adornada con cintas, lazos y escarapelas, banda cruzada con los colores de la bandera española, calzón negro, faja, mantón o pañolón de cintura, medias caladas y alpargatas de suela de cáñamo o esparto.

Momento culminante del lazo de La Cruz en la iglesia de la Asunción de Cuevas de Velasco.

Los danzantes portan también las castañuelas, adornadas con madroños coloridos, y dos palos. El alcalde de la danza, que luce el mismo traje que los danzantes, lleva una castañuela en una mano y con la otra empuña una crucecita (se dice que antiguamente portaba una caña) con la que avisa a danzantes y músicos de entradas, salidas y diversas evoluciones.

La música de la danza la componen 23 piezas breves. Varias de estas piezas cuentan con una letra, en general posterior al tiempo en que se crearon las melodías. Una de las letras hace referencia a sucesos históricos del siglo XIX, pero la mayoría pertenecen a composiciones de la lírica tradicional de los siglos XVI y XVII, lo cual da una idea ya de su antigüedad. Pero creemos que tanto la coreografía de los paloteos como la propia música son incluso anteriores.

Monumento a los danzantes en Belinchón. Recordamos que la música de esta danza es muy semejante a la de Cuevas.


A falta de otras prospecciones en la historia, al menos sabemos hoy que ya en el siglo XVII se ejecutaban danzas en Las Cuevas de Cañatazor, antiguo nombre del pueblo.

Muchos pueblos de la comarca han perdido sus manifestaciones folclóricas, entre ellas sus danzas de palos. Otros han tenido que rescatarlas in extremis del olvido, no siempre de modo ortodoxo. Y en Cuevas también hubo una vacilación allá por los años 70 y 80 del siglo pasado, pero se salvó esta magna manifestación popular debido al empeño y al amor por las cosas del pueblo de una serie de personas. De este modo, la danza de Cuevas puede decirse que jamás se interrumpió, pues tras la última generación de danzantes retomó el testigo la siguiente generación en la cual ya se incorporaron las mujeres.

Monumento levantado a la Endiablada de Almonacid del Marquesado.

Resulta curioso que quienes más se asombran y destacan la belleza de nuestra danza sean los forasteros, la gente que llega a Cuevas por primera vez. Y es que los propios del pueblo no tenemos perspectiva para mirar este fenómeno folclórico y valorarlo en su justa medida. Nos parece algo inherente al pueblo, algo corriente. Pero la voz de los expertos y los numerosos galardones y reconocimientos obtenidos por nuestros danzantes dejan claro que estamos ante una manifestación artística relevante.

Monumento a los danzantes de palos, en Cambrils.

Prácticamente la totalidad de las familias del pueblo han tenido o tienen danzantes o músicos entre sus miembros. Esta es otra de las razones que hacen que la danza esté imbricada en la sociedad de nuestro pueblo, entre la gente residente y la gente de la diáspora. Así, cuando suenan las dulzainas, redobla el tambor y corren por las calles el castañeteo de las castañuelas y el chasquido de los palos, se difunde por todo el pueblo una ola de alegría y un sano orgullo de ser de Cuevas de Velasco.

Monumento al Danzante, en Autilla del Pino (Palencia)


Sin entrar en otras consideraciones más sesudas sobre la importancia artística de la danza de Cuevas, creo que hay que subrayar de algún modo que se trata de una expresión que nos pertenece, nos enorgullece y forma parte de las esencias de nuestro pueblo. Por ello, propongo alzar un monumento a los danzantes, un monumento que nos haga a todos reparar en el extraordinario valor que tiene esta tradición y que nos conciencie de la necesidad de velar por conservarla y transmitirla a quienes nos sucedan.

Otro tipo de monumento es el erigido a los peregrinos en el monte del Perdón de Pamplona.






lunes, 25 de septiembre de 2023


                                  UN   PUENTE   ESCONDIDO

En un paraje de Cuevas de Velasco se encuentra este magnífico puente.


El día 25 de julio parto del pueblo cuando levanta el día. A estas alturas del año es preciso madrugar un poco si uno no quiere verse sorprendido a media mañana por estos sofocos que parecen premonición de lo que ha de ser el infierno.

El Vallejuelo tiene su magia y, de forma inexplicable, obsequia al caminante con un frescor inusual, impensable, ni de día ni de noche, durante la canícula.

El gigantesco cadáver del viejo chopo yace, tendido de largo a largo, como el rey don Pedro en el Campo de Montiel. Este árbol acompañó a varias generaciones de cuevenses. Muchos aprendimos a trepar en su tronco que usábamos para ocultarnos en los juegos. Su regalo era siempre ese aroma a hojas de chopo inconfundible y que llevamos fijado a la pituitaria desde la infancia. Nos duele su muerte, pero parece que la podredumbre amenazaba con hacerlo caer en cualquier momento.

Parte sana del chopo del Vallejuelo.
              


Desde lo alto de La Peñuela observo los escaramujos, las esplegueras, las zarzamoras y la selva de ciruelos medio silvestres, nogueras, moreras, parras, cerezos… Una rutilante planta de madreselva adorna la sendita que desciende hasta la poza. Y es justo en el túnel vegetal de acceso a la fuente donde un mirlo viene a obsequiarme con un concierto sorprendente. Echo mano al móvil y lo grabo para que quede constancia de la altura del concierto pajaril.


El paso a nivel de la Estación ya ha quedado en silencio para siempre. Cruzo las vías, abandonadas a su suerte, y rodeo el ruinoso edificio, tan animado en otros tiempos, con cierto respeto, como esos vaqueros que atraviesan sigilosamente los cementerios apaches.

Ferrocarril abandonado.

Ruinoso edificio de la estación del tren.


Recuerdo los días finales de junio, por san Pedro y sal Pablo, allá por los años sesenta y setenta, cuando una pandilla de niños alborotados enfilábamos la carretera de La Ventosa en busca de cerezas, de nidos y de aventuras. Con frecuencia nuestras correrías infantiles llegaban hasta la mítica cueva de la Mora, donde siempre había algún gracioso que aseguraba oír extraños ruidos y misteriosos gemidos.


El Vallejo (Valdeconcejo, como insiste José, que seguramente lleva razón) se ha vestido este año de esmeralda. Cientos de miles de girasoles, como monjitas con sus hábitos y cofias verdes alegran los campos. Yo estoy convencido de que estas plantas levantan el ánimo cuando están en plena floración y deberían investigarse sus poderes terapéuticos. Quién sabe si un día llegará uno al psiquiatra con algún achaque propio de esta sociedad de las prisas y las ansias y el galeno te recetará realizar largos paseos entre las plantaciones de girasol.

El cultivo del girasol, importante complemento de la economía local.

Valdeconcejo con los campos de girasoles.


Al llegar a La Citeruela miro los dos peñascos que guardan la entrada al valle, Los Tormos, de un lado, caos de pináculos ocres, y la Peña de la Cagurria, gigantesca ara de dioses colosales.

Peña de la Cagurria a contraluz.

Los Tormos desde Valdeconcejo.


La carretera salva el barranco de Valdeconcejo por un puentecillo que queda oculto bajo varias capas de piedra y asfalto que se han acumulado en las sucesivas ampliaciones y reparaciones. Nadie diría que bajo este firme, escondida, se halla una joya arquitectónica.

Cuando el caminante desciende al barranco encuentra una rara y perfecta obra arquitectónica que lo deja perplejo. Y es que la factura del puente de Valdeconcejo es impecable, de líneas clásicas y de materiales bien conservados.

Ojo del puente de Valdeconcejo.


Detalles de la hechura del puente. Destaca la ausencia de material de relleno.


El puente está construido enteramente en piedra de sillería regular, bien tallada y encajada con elegancia. El ojo lo forma un arco rebajado completado en los frontales por seis dovelas muy semejantes y la clave. Dicho arco apoya en dos pilastras laterales en las que descansa la primera dovela. La bóveda o intradós la constituyen series de sillares también regulares, alineados y perfectamente encajados.

La bóveda del puente la forman siete filas de sillares alineados.


Por lo que conocemos del pueblo, este puente es un elemento absolutamente singular y de un interés arquitectónico considerable. No guarda, al parecer, relación con la arquitectura ferroviaria ni con otro tipo de obras públicas antiguas de nuestro término. Por lo tanto debió ser construido cuando se diseñó y se empedró por primera vez la carretera de La Ventosa.

Hay que tener presente que esta carretera fue durante mucho tiempo la única vía empedrada que comunicaba Cuevas de Velasco con Cuenca. Se trataba de la vía oficial de acceso a nuestro pueblo.

Carretera de La Ventosa. Nadie diría que bajo este tramo se oculta el elegante puente de Valdeconcejo.


Sabemos que el puente se loda cuando una gran avenida se precipita desde lo alto del valle. Su ojo no es suficientemente profundo como para desalojar todo el caudal que una potente tormenta puede propulsar por el barranco. Con frecuencia el agua y todos los materiales de arrastre saltan e inundan la carretera. Es probable que alguna rambla o el ensanche de la carretera hayan hecho desaparecer los pretiles que tendría en origen.  

A pesar de eso, es preciso conservar el puente y preservarlo de cualquier deterioro, en razón de su interés arquitectónico y de su belleza.