lunes, 19 de junio de 2017

miércoles, 14 de junio de 2017



                BATALLA DE LAS CUEVAS DE VELASCO


Un día, navegando por Internet, me topo con una frase: “Batalla de las Cuevas de Velasco”. Naturalmente me faltó tiempo para buscar datos sobre tal batalla, año en que se produjo, contendientes… Y aquí está el resultado de mis pesquisas.


Jinetes carlistas a la carga


En plena Primera Guerra Carlista, en diciembre de 1837, partió el general carlista don Basilio Antonio García y Velasco desde Navarra con cuatro batallones y dos escuadrones. Vadeó el Ebro y abandonó Aragón adentrándose por tierras de Soria y Zaragoza hasta la provincia de Guadalajara. Luego siguió la cuenca del Júcar.
El objetivo inicial de esta operación era organizar las partidas de La Mancha y unificarlas formando un ejército carlista central, para lo cual don Basilio debía contar con el apoyo de una división del general Cabrera.
Pero desde La Rioja, la división del general cristino Ulibarri andaba tras los pasos de los carlistas, y, a la altura de Sotoca, a 16 km de Cuenca, el día 12 de enero de 1838, se produjo el alcance. Se inició la persecución en medio de escaramuzas que se prolongaron hasta las proximidades del pueblo de Cuevas de Velasco.

Itinerario aproximado de la Expedición de don Basilio

El ejército cristino, mejor pertrechado y más numeroso, puso en fuga a los carlistas, quienes, como es lógico, no presentaron orden de batalla y rehuyeron el encuentro. Por esta razón este hecho de armas está considerado como una derrota del general Basilio.
Desconocemos el número total de bajas que se produjeron en la batalla. Las crónicas dicen que los “carlistas, sorprendidos en Sotoca, lograron retirarse en buen orden y sin excesivas pérdidas”.Sí sabemos que a Cuevas de Velasco llegaron una docena de heridos, dos de los cuales fallecieron aquella noche. Entre los heridos supervivientes se hallaba el alemán Augusto Von Goeben, quien luchaba a favor de los carlistas, y que más tarde, de regreso a su país, escribió un libro titulado Cuatro años en España en el que describe con detalles y con crudeza las calamidades de la guerra. En esta obra el alemán cita a Cuevas de Velasco y explica cómo fue llevado al pueblo por el coronel Fulgosio, según explica Antonio Ballesteros en su libro Historia de Las Cuevas de Velasco.

Atuendo de los soldados isabelinos o cristinos



Las tropas carlistas mandadas por el general don Basilio se dirigieron a toda prisa por Huete hacia Uclés. Luego recorrieron La Mancha y el norte de Andalucía y tras un lastimoso periplo fueron derrotadas y disueltas por los ejércitos cristinos en Valdepeñas.

Retrato del General don Basilio

Aunque el hecho de armas hoy se sitúa en los libros de historia en Sotoca, lo cierto es que también aparece esta escaramuza como la batalla de Cuevas de Velasco y el hecho de que figure así en algunos escritos creemos que se debe a las siguientes razones: la primera es que Cuevas de Velasco era la entidad mayor en el entorno de aquella acción de armas. Sotoca, Culebras, Villar del Saz de Navalón eran poblaciones de menor importancia que Cuevas; por otro lado, ya habían tocado con anterioridad los carlistas en Las Cuevas y para esta expedición se había adecuado expresamente el hospital de la localidad, que estaba situado en el lugar que ocupa hoy el almacén de los hermanos Cañas, entre las calles del Paraíso y del Calvario; y, por último, como ya hemos dicho, las escaramuzas se prolongaron hasta el término municipal de Cuevas.
Las guerras carlistas trajeron el terror a todos estos pequeños pueblos y a un sinfín de poblaciones de la geografía española. En Cuevas de Velasco entraron los carlistas en varias ocasiones para aprovisionarse.

Lanceros carlistas en acción
                                   


Se dice que en aquellos años difíciles del siglo XIX se vigilaba día y noche desde la alta torre de la iglesia de Cuevas la llegada de tropas carlistas para prevenir a la población. También se cree que en una de aquellas entradas de los carlistas en Las Cuevas se arrasó definitivamente lo que quedaba del castillo de Cañatazor.

viernes, 2 de junio de 2017

                                                UNA VIRGEN ENTERRADA


Les confieso que siento cierta envidia hacia esos pueblos que cuentan con su tradición mariana asociada a un hecho milagroso. En realidad la geografía conquense, y la española en general, están cuajadas de lugares marianos surgidos a lo largo de la historia en torno a hechos prodigiosos.

Hay milagros marianos que, aunque uno prescindiera de lo sobrenatural, sólo por su belleza literaria, son ya una gran maravilla. Pienso, por ejemplo, en esa virgen diminuta, del tamaño de un dedo pulgar, en la que la reja de un arado tirado por bueyes tropezó y no podía continuar; o en esa virgen que pidió pan a un pastor manco y al meter éste el muñón en su zurrón sacó la mano sana; o en esas vírgenes tozudas que se las trasladaba a una ermita y durante la noche regresaban al lugar de su aparición.

En Las Cuevas de Velasco no hemos encontrado nuestra virgen, pero no es porque no esté escondida, pues tenemos una leyenda que habla de que hay una virgen oculta, enterrada.

La tradición es antiquísima, pero no es una de las más conocidas del pueblo, hasta el extremo de que corre el riesgo de perderse. Por eso la rescatamos aquí.

Desde muy antiguo se cuenta que en Las Cuevas de Velasco, en el lugar que llaman cerro Ribagorda, hay una imagen de la Virgen enterrada. El relato legendario es parco en detalles, pero hay algunas sospechas que podrían explicar este misterio.

El cerro Ribagorda, para los que no están versados en localizar parajes del pueblo, se sitúa en medio de la vega, más abajo de la Nebrosa. Es el monte que nos impide ver desde el Castillo el pueblo de Castillejo del Romeral.

Cumbre del cerro Ribagorda, visto desde el camino de Valdemoralejo


En el cerro Ribagorda se ha encontrado también algún enterramiento excavado en la roca. Y por la parte que mira a la Hoya está la cueva de la Peña del Aguililla. Pero para el caso que nos ocupa lo más importante es que alrededor de dicho cerro hubo poblamientos en la antigüedad. Resulta curioso que sea justo en las inmediaciones de esta montaña donde se sitúa el mayor grupo de tumbas.

Como ya hemos dicho, estas fosas mortuorias, muy numerosas en los parajes de La Losa, Valdemaron, El Reajo o la Nebrosa, pertenecen a la época tardorromana o visigótica, es decir, cuando ya se había difundido por la península la fe cristiana y el culto mariano estaba muy extendido.

Quienes enterraron a sus muertos en estos lugares, habitaron varios poblados cuya localización queda muy próxima al cerro Ribagorda. En la misma ladera de la montaña, de la parte que da al paso a nivel de la casilla de la Nebrosa, existe un paraje que se denomina Las Paerecillas, al lado de un corral de ganado. Dicho lugar muestra restos claros de haber estado habitado el en pasado. También a menos de un Km. ya en término de Castillejo, se encuentra el poblado de Fuente la Higuera.

En cualquiera de estos poblados antiguos debió haber una pequeña iglesia con su virgen. Es más que probable que en el futuro las investigaciones arqueológicas así lo demuestren.

Pero ¿por qué se escondió la imagen de la virgen? La respuesta apunta claramente hacia un hecho: la invasión de los musulmanes y las continuas razzias de castigo que realizaban pudieron ser la causa del ocultamiento.

Se tienen noticias de la conquista de estas tierras. Se dice que en Santaver, cerca de la actual Cañaveruelas, se establecieron musulmanes de raza beréber. Sabemos perfectamente que para entonces esta comarca seguía habitada por una importante comunidad de cristianos que aguantaron en territorio musulmán (mozárabes) hasta que la presión se hizo insostenible ya entrado el siglo IX. Sabemos por la historia que el obispo Sebastián de Ercávica, antigua ciudad romana rebautizada en tiempo de los musulmanes como Santaver, situada en Cañaveruelas, a solo 38 kms de Cuevas de Velasco, huyó hacia Oviedo en el año 866, ante una campaña de los musulmanes que amenazaba su integridad.



Por otra parte, durante los años de la reconquista menudearon las algaradas moras cuyo objetivo era buscar botín, pero también atemorizar a los cristianos para que no volvieran a establecerse. Solían destruir los templos y las imágenes, así como robar las campanas de las iglesias y ermitas.

Por lo tanto, no puede extrañarnos que, ante la inminencia de una incursión musulmana, alguien muy piadoso rescatase a su virgen y la ocultase cuidadosamente.

Ocultamientos de este tipo hubo por toda la geografía española. Y, por cierto, también existe alguna leyenda de hallazgos, milagrosos o casuales después de la Reconquista.

Cuando llegó la Reconquista a Huete y su territorio, se establecieron pronto las primeras aldeas cristianas en los valles del Guadamejud y del Mayor. Pero aún hubo que aguantar el embate de los Almohades que pusieron cerco a Huete en el año 1172 sin lograr tomar su fortaleza. En su retirada hacia sus dominios de Cuenca, el ejército musulmán atravesó el valle del río Mayor, con toda seguridad por la vega de Cuevas de Velasco. Y ya se habla en la crónica de tal periplo, redactada por un cronista musulmán, que llegaron a un poblado del que había huido toda la población, seguramente ocultándose en las montañas o buscando territorios al norte más seguros.

No pudieron recoger las cosechas porque no había tiempo, pero pueden estar seguros de que ocultarían a sus santos y sus tesoros sacros.

El cronista árabe dice que las tropas cogieron todo el grano que pudieron y luego arrancaron los árboles y arrasaron el poblado.

El cerro Ribagorda es un monte enigmático. Se trata de una montaña exenta, es decir, separada del resto de macizos y páramos circundantes. Plantado en medio de la vega, este cerro testigo debió atraer la atención de las gentes que moraron por estas vegas y así lo atestigua la presencia de necrópolis y de cuevas excavadas por la mano del hombre.

Situación del cerro Ribagorda.

En cuanto a la razón de por qué sigue la imagen escondida y nadie acudió a desenterrarla reproduzco las mismas palabras con las que un día me respondió el descubridor del célebre tesoro de Villena, don José María Soler, al ser preguntado por la misma cuestión: “Sabían muy bien que el peligro que venía era grande. Y tenían razón, pues ya no volvieron a recoger su tesoro”.






















sábado, 4 de marzo de 2017


                           CARNAVAL 2017


El pasado fin de semana tuvo lugar en Las Cuevas el Carnaval 2017. Se registró una asistencia de público más que aceptable. El tiempo acompañó y se batieron todos los récords de la almoneda.




















domingo, 12 de febrero de 2017




               EN TIEMPOS DE LOS CARTAGINESES...

Cerro de Castejón


Cuando buscamos fuentes de los últimos cinco siglos para desentrañar algo de la historia de Las Cuevas de Velasco, nos resulta complicado dar con informaciones fidedignas y bien documentadas. Y a medida que nos alejamos hacia tiempos más remotos, resulta poco menos que imposible hallar datos valiosos y sólidos.

La protohistoria de Las Cuevas de Velasco hay que reconstruirla, pues, estudiando los principales sucesos que afectaron a estos territorios y que aparecen descritos en las fuentes clásicas, sin olvidar, por supuesto, los descubrimientos que en el futuro puedan ir arrojando posibles estudios arqueológicos de la zona.

Las primeras referencias escritas del devenir de lo que hoy es la provincia de Cuenca, aparecen en las fuentes romanas y se refieren a las incursiones de los cartagineses en los territorios de oretanos y olcades, hacia el siglo III a de C.

Aunque hablar de límites precisos es casi una entelequia, hoy se da por sentado que el territorio de los olcades ocupaba una buena parte de la provincia de Cuenca. En los albores de la historia, el curso alto del río Mayor perteneció a este pueblo primitivo, al que unos catalogan como celtíbero y otros como celta.

Mapa de la península en tiempo de la dominación cartaginesa


El cartaginés Asdrúbal se ocupó de ir extendiendo su dominio sobre todo el territorio de los olcades y de otros pueblos celtíberos. Las tierras al sur del Ebro correspondían a los cartagineses, según el pacto con Roma. Y se sabe que muchas tribus fueron incorporadas al dominio cartaginés mediante pactos, mientras que otras fueron sometidas por las armas.

En el lugar en el que hoy se asienta Cuevas de Velasco, probablemente no había poblado alguno. Era el tiempo de los oppidum, en que los núcleos habitados se levantaban en lugares inexpugnables, bien protegidos. Sin embargo sí existió en tiempo de los cartagineses alguna pequeña aldea encaramada en los cerros que circundan la vega. El reconocimiento superficial de la zona, nos indica que en el cerro Castejón, donde aparece cerámica antigua, hubo un fortín cuyas trazas son perfectamente compatibles con la segunda Edad del Hierro. Otro indicio notable de la presencia humana en el valle del Mayor es la necrópolis de la loma de la Estación.

Valverde. A la derecha, el cerro de Castejón


Existe también un extraño lugar en el llamado Pulpitilo, una especie de fortificación o encastillamiento antiguo, aunque, por sus reducidas dimensiones, dudamos que pueda asociarse a un enclave permanente habitado. 

Cerámica encontrada en superficie por el cerro Castejón


Todos estos valles fueron anexionados a las posesiones cartaginesas de la península después de la toma y destrucción de la capital de los olcades. 

Sucedió, según narra la historia, no exenta de cierta contaminación legendaria, que el cartaginés Asdrúbal capturó a un reyezuelo olcade, llamado Tagum, y ordenó crucificarlo impidiendo que se le rindieran honores mortuorios, como era preceptivo entre estas tribus bárbaras de la Celtiberia. Y un criado fiel al rey ejecutado se vengó de su señor asesinando a cuchilladas al general cartaginés Asdrúbal. De este modo llegó Aníbal al poder con poco más de 20 años de edad y ordenó una operación de castigo contra los olcades, acción bélica que terminó con la toma y destrucción de Althia, ciudad más próspera y emblemática de los olcades. Sucedió esto en el año 221 a de C.

El asalto de Althia por Aníbal, con la toma de esclavos y la posterior destrucción de la ciudad, llenó de espanto a todos los poblados olcades, quienes se apresuraron a rendirse al cartaginés, el cual los convirtió en tributarios. El importante botín llevado a Cartagena por Aníbal da una idea de la prosperidad que debieron haber alcanzado los olcades.

Fosos de Bayona (Huete) Posible ubicación de Althia


¿Dónde estaba Althia? Hoy se apuntan dos emplazamientos como posible ubicación de aquella mítica ciudad olcade. Por un lado se habla de Alconchel de la Estrella, pueblo de la Mancha conquense, y por otro, se da también como probable el lugar llamado Fosos de Bayona, perteneciente a Huete. En ambos lugares pueden verse hoy potentes yacimientos arqueológicos pertenecientes a ciudades fortificadas de la antigüedad.

Las expediciones de Aníbal hasta las cabeceras del Tajo y del Júcar mantuvieron la fidelidad de las aldeas olcades hasta la llegada del poder romano a la península.

     (Mapa y algunas ifnormaciones tomados de: Caput Celtiberiae: Las tierras de Cuenca en las fuentes clásicas. Enrique Gonzalbes Cravioto)




jueves, 2 de febrero de 2017



                                    DIEZ IMÁGENES CON PIE DE FOTO


Haciendo acopio de leña para el duro invierno de esta tierra.


Verde, azul y gris.

La siembra crece; promesa de buena cosecha.

La fuente El Sordillo invita a refrescarse.

Paisajes verde esmeralda.

Esta vista nos muestra la desproporción entre el pueblo y su iglesia.




Los girasoles traen riqueza y adornan el paisaje
Hay otras cuevas escondidas en los peñascos...
Paisaje con vencejos.

En las piernas de nuestros danzantes está el secreto de la danza de Cuevas.








                           



sábado, 21 de enero de 2017



                           ...RECUERDOS DE “EL OTERO”

                   NOTICIAS DE ACTUALIDAD: EL LAVADERO

Aspecto actual del lavadero y el pilar tras la tala de los árboles que dañaban  las construcciones.


En el año 1985, la revista EL OTERO publicaba el siguiente artículo sobre el lavadero de Cuevas de Velasco. Conviene hacer memoria, para quienes no lo recuerden o no hayan tenido noticias del estado en el que se encontraban el lavadero y el pilar viejo de la fuente del Caño, de que dicho conjunto se hallaba prácticamente lodado. De hecho, tanto el lavadero como el viejo pilar, tal como los conocimos siempre, no tenían el aspecto que ahora lucen,sino que alrededor estaban colmatados de tierra hasta las losas sobre las que lavaban las mujeres.
El lavadero con su pileta de una sola pieza.

En el paraje denominado El Caño, en La Ribera, hay un lavadero circular adosado a una pila cuadrada de piedra de una sola pieza, que a su vez se comunica con un pilar rectangular. Según las crónicas, ya existía en el S XVII.

Todos lo conocéis…

Este lavadero era antiguamente lugar de tertulia para las mujeres que, cargadas con sus canastas de ropa, realizaban allí, diaria o semanalmente, la faena de la colada, en aquellos tiempos en que la única lavadora era la fuerza de los brazos.

Cuando estaba en uso, la tierra llegaba hasta el borde y las mujeres lavaban de rodillas inclinadas sobre las losas.


También era lugar de cita en aquellos tranquilos atardeceres para las jóvenes, que con sus delantales limpios, sus perfumes de espliego y romero y su cántaro a la cadera volaban calle abajo, recibiendo el primer piropo de aquel viejecito octogenario, simpático, don Tomás, quien sentado en el poyo de la puerta de su casa y apoyado en su bastón las saludaba con un “¡Adiós, lindas mocitas!” que les hacía, en medio de alegres carcajadas, aligerar todavía más el paso para llegar a descansar con el cántaro al borde del pilar, al encuentro de los muchachos, que no tardaban en aparecer a lomos de sus caballerías por el camino de las Eras o el de La Carrasquilla, para dar de beber a los animales.

El paso del tiempo había ocultado bajo el lodo y la maleza todo el conjunto, pilar y lavadero, pero he aquí que un grupo de jóvenes diligentes e inquietos por la mejora del pueblo, provistos de palas, picos, carretillas y demás, y calzados hasta las rodillas con las botas de goma emprendieron la gran tarea de rescatar ese conjunto monumental y, sin regatear esfuerzos ni ilusiones, han trabajado con ahínco hasta que lo han logrado.

Chopera del lavadero


Cuando al acercarnos a ellos los animábamos y los felicitábamos por tal empresa, nos comentaban: “Todavía falta mucho por hacer...” y nos contaban todos los proyectos que tenían para que esta pradera quedara acogedora, con árboles, barbacoas, mesas, bancos, etc.

Al ver esta realidad, nos podemos preguntar si es cierto que los jóvenes de nuestro pueblo son pasotas y no les importa nada. La respuesta es NO. Nuestros muchachos con capaces de llegar hasta donde se lo propongan y de verdad que tienen grandes iniciativas.

Portada de El Otero de 1998

A vosotras, chicas que habéis colaborado, os veo de rodillas ante las losas de piedra que bordean el lavadero, en las que tantas veces se arrodillaron vuestras madres y vuestras abuelas, pero ahora no para lavar la ropa sino para reflejar en el agua vuestras caras sonrientes y satisfechas por el esfuerzo realizado. Y también para preguntaros: ¿Soy yo, acaso, la más bonita? Sueña que sí...

Conjunto de pilar y lavadero nuevos, este ya desaparecido