martes, 31 de julio de 2018

                       FIESTA DEL VERANO 2018




El sábado, 28 de julio, se celebró en la plaza de Cuevas de Velasco la llamada Fiesta del Verano con gran asistencia de público a la cena ofrecida por el catering El Rento.
El menú fue espléndido (exquisito, pero creemos que excesivo). Los comensales, en número cercano a los 240, llenaron la plaza con la idea de pasar una velada divertida, y así creemos que fue.




Después de la cena, amenizó el baile la orquestina de Pedro Izquierdo, que interpretó casi hasta el amanecer, piezas bailables para todos los gustos.


Fue un auténtico éxito que exigirá ir haciendo previsiones para años sucesivos, pues cada edición crece el número de participantes en este evento veraniego.





Es obligado y justo dar las gracias a los organizadores, a todos, pero especialmente a Nines y Ana quienes fueron las que más se ocuparon de cobrar, distribuir comensales y llevar las conversaciones con el restaurante.

viernes, 20 de julio de 2018

  DICCIONARIO DE CUEVAS DE VELASCO 


El sábado, 28 de julio, a la 19:30 h, tendrá lugar en los salones de las escuelas la PRESENTACIÓN del DICCIONARIO DE CUEVAS DE VELASCO. 



El diccionario de Cuevas de Velasco es un estudio sobre el habla del pueblo de Cuevas. Desde hace unos 20 años he ido recogiendo palabras antiguas propias de la villa y de la comarca, muchas de ellas con vigencia todavía. 

He desechado muchos términos que, aún siendo típicos en la zona, están recogidos y perfectamente explicados en el DRAE (Diccionario de la Real Academia Española). También he desistido de incluir palabras muy viejas, ya en desuso desde hace décadas. Así que el resultado es un conjunto formado por más de 1600 palabras y expresiones propias de nuestro pueblo. 

Cada palabra tiene su definición y un ejemplo vivo de uso en el habla local, además de un pequeño estudio etimológico: 


MELENCHA. 1. f. Melena, flequillo. Guedeja de cabello que pende sobre la frente. 

A Emilio le han cortado el pelo al cero, pero le han dejado la melencha. 

Corominas afirma que el término melencha es de origen dudoso, posiblemente prerromano. 

Por su parte, el autor Calero sugiere que puede proceder de las palabras melena y mecha. 



Muchos de los vocablos recogidos son vulgarismos y eufemismos, especialmente las palabras que nombran las partes pudendas y las acciones consideradas ... escabrosas, pero existe también una cantidad muy importante de expresiones y palabras originales de nuestra tierra, algunas de ellas bellísimas y con un gran valor para los estudios lingüísticos. 

Este libro sería la primera obra dentro de un ambicioso proyecto al que yo he llamado Arca de Noé, que pretende rescatar del olvido la cultura de Cuevas de Velasco antes de que este pueblo pierda por completo su fisonomía y sobre todo su espíritu de pueblo antiguo. 

La presentación la realizará Esther Francés. Habrá también unas palabras por parte del autor. 

Después del acto, que será breve, ofreceremos un refrigerio a los presentes. 

El precio del libro es 10 euros. Si la venta dejase beneficios, estos se entregarán a alguna obra de restauración de la iglesia. 


miércoles, 18 de julio de 2018


               II JORNADA DE CUEVAS ABIERTAS 



Las cuevas-bodega de la villa de Cuevas de Velasco tienen prácticamente la misma antigüedad que el propio pueblo. Desde hace siglos se ha guardado en ellas el vino y en algunos casos servían también como jaraíz o lagar, para pisar la uva, y cocedero.  
Las cuevas, que en número de unas 60 o 70 se encuentran situadas en los alrededores del pueblo, se excavaron tanto en roca viva como en diversos materiales más blandos. A veces la misma roca sirve de techo para la cueva. En otros casos se han reforzado los pasadizos con bóvedas de yeso. 

La entrada suele formar un arco de medio punto, a veces ligeramente apuntado, de obra de mampostería con piedra irregular y deshechos de otras construcciones. Puede verse también algún arco de medio punto de buena factura. Excepcionalmente el acceso es más simple: un hueco al que se le ajusta una puerta. 



Varias de ellas tienen puertas viejas, reutilizadas, pertenecientes a otros recintos de las viviendas o corrales. No faltan diversas soluciones para cerrar la cueva, como el uso de viejas trillas o tableros adaptados. Y solo recientemente hay quien ha instalado puertas a medida, de buenas hechuras. 



La estructura de las cuevas es muy variada. Depende en gran medida de la hacienda de los propietarios. Así, encontramos cuevas de pequeñas dimensiones, apenas un espacio en el que alojar un par de tinajas de poca capacidad, pero también pueden verse algunas bodegas espaciosas con diversos pasadizos y oquedades. 

En Cuevas de Velasco se distingue bien entre dos conceptos: cueva y covacho. Mientras la primera es una construcción realizada por el hombre, el covacho suele ser una cavidad natural adaptada o mínimamente retocada para servir de cueva-bodega. 




Las cuevas forman parte del patrimonio arquitectónico del pueblo, pero poco a poco han ido perdiendo la utilidad que tuvieron en siglos pasados. De hecho, muchas de ellas se han lodado o arruinado debido al abandono. 

Sin embargo, hoy día, ya sea por el empeño en rescatar las viejas costumbres, ya porque algunas personas se empeñan en poner en valor lo viejo, se han arreglado muchas de estas cuevas. 



La Jornada de Cuevas Abiertas ya va por su segunda edición. Se ha convertido en un evento que se adapta perfectamente a los veranos de esta villa, que sabemos que tuvo un pasado muy relacionado con la viticultura. 

Amén de las tinajas, presentes en casi todas las cuevas, si es que no se destrozaron cuando cayeron en desuso, el mobiliario que suele formar parte de una cueva-bodega está compuesto por una pequeña mesa o algún útil que sirve como tal, algún asiento de sogueo, o bien el socorrido bolo, un candil, farol o almenara que en algunas cuevas siguen colgados ajenos a la llegada de las modernas técnicas de iluminación; cordajes y pellejos que servían para tapar las tinajas; garrafas y otros recipientes que se usaban para trasegar el vino desde el cocedero a la cueva; canillas, espitas, estopa…; un escobón; los vasos y jarras en los que se ofrece el vino a los invitados… Hoy se han añadido otros artefactos con el fin de embellecer las cuevas.




A pesar de que no hay un censo preciso, hablamos de unas 60 o 70 cuevas, varias de ellas derrumbadas o tapadas, sin contar los más de otros tantos sótanos que existen bajo las viviendas. 

Esta extraordinaria capacidad de almacenaje de vino respondió en su tiempo a una gran producción de caldos. Antes de la llegada de la filoxera, la producción de vino en Cuevas de Velasco, así como la calidad y el prestigio de este, fomentaron la viticultura llegando a convertirla en una de las actividades agrícolas punteras, junto con el cultivo del cereal. 

Cuentan los ancianos del pueblo que era habitual ver salir del pueblo reatas de mulos cargados con odres o pellejos henchidos de vino para la venta. 



Tras un largo periodo de abandono en el cual las cuevas fueron tomadas por los gitanos y los mendigos que visitaban el pueblo, ahora, con el arreglo y adecentamiento de los senderos de El Egido, y con este estímulo de la Jornada de Cuevas Abiertas, que con gran tino nos propone la Asociación de Vecinos, las viejas cuevas toman protagonismo de nuevo. La apertura al público, la visita y la degustación de caldos, por cierto, proporcionados por viticultores locales, es, sin duda, una magnífica ocasión para conocer las cuevas de nuestro pueblo. 

La presente edición se ha visto amenizada por la actuación del grupo Rondadores.

                                           Fotos tomadas del chat del pueblo.

lunes, 2 de julio de 2018


              LAS FIESTAS DEL VERANO 


14 de Julio: II JORNADA DE CUEVAS ABIERTAS. 

Tras el éxito de la la I Jornada de Cuevas Abiertas, este año se adelanta al sábado, 14 de Julio esta celebración. Como saben, los propietarios que participan en el evento ofrecen sus cuevas para la visita y sobre todo para tomar un refrigerio, según las costumbres ancestrales del lugar. 

Desde este blog animamos a todas las personas interesadas en el evento para que acudan el día 14 a Cuevas de Velasco con amigos y conocidos. 






25 de Julio: FIESTA DE SANTIAGO APÓSTOL. 

Se mantiene la costumbre ancestral de la merienda-cena el día del Patrón de las Españas. Esta comida especial se realiza en familia, a veces entendida en su forma más amplia y consiste en un plato fundamental elaborado a base de carne frita con ajos. El cordero es el rey, pero, según las posibilidades y los gustos, hay quien se inclina por otro tipo de viandas. 


28 de Julio: CENA DEL VERANO. 

Esta celebración, que en su día se llamó “Fiesta del Cano”, por ser El Cano el promotor de la fiesta, ahora toma el nombre de Fiesta del Verano. Hay dos actos principales: una cena de hermandad en la plaza del pueblo, servida por una empresa de catering, y una velada musical con baile. 

El precio del pase para la cena y la velada es de 15 euros para adultos y 10 euros para niños. La cena comenzará a las 22 horas. 




11 de agosto: CENA DE SOBAQUILLO. 

La llamada “cena de sobaquillo” se ha convertido ya en uno de los acontecimientos del verano de Cuevas. Cada casa elabora los guisos que le parece y los lleva a la plaza donde tiene lugar una cena de hermandad con la posibilidad de degustar lo que han preparado los demás. Es una cita obligada especialmente para todos los amigos y amigas de la buena mesa. Es gratis. 


15 de agosto: VIRGEN DE LA ASUNCIÓN, PATRONA DEL PUEBLO.


18 de agosto: MERCADILLO 

En el mercadillo se ofrecen multitud de productos, destacando de nuevo la oferta gastronómica, con especial mención a los platos locales elaborados de manera absolutamente artesanal. 

El mercadillo de Cuevas suele atraer a muchas personas de los pueblos circundantes. No hallarán ustedes otro modo mejor de pasar una velada agradable departiendo y sobre todo degustando exquisiteces, con la posibilidad de hacer algunas compras de productos exclusivos. 




14, 15 y 16 de Septiembre: FIESTA DEL CRISTO 

Este año se ha optado por celebrar la fiesta más importante del calendario local en los días que corresponde, según la costumbre, es decir, el 14, 15 y 16 de septiembre. Siempre se celebró la fiesta del Cristo en estas fechas, llamadas popularmente: Cristo, Cristillo y Cristete. El día 14, como se sabe, es la Exaltación de la Santa Cruz. 

Las fiestas del Cristo son un poderoso imán para los nacidos en el pueblo y para tantas personas que sin ser naturales de Cuevas lo han adoptado como patria chica o como lugar de vacaciones. 

Entre los numerosos festejos que tienen lugar, además de las espectaculares verbenas , hay que destacar los solemnes actos religiosos aderezados con la actuación de la danza local, uno de los emblemas culturales de Cuevas de Velasco. 





                             ¡ FELIZ VERANO !

miércoles, 27 de junio de 2018

 LEYENDA DEL "CRISTO DE LOS MOZOS", DE CUEVAS 



Una leyenda antigua narra la razón de la existencia de un cristo en la iglesia de Cuevas de Velasco. Se dice que dicha imagen fue traída al pueblo por un grupo de arrieros, quienes la tomaron de una ermita en ruinas…. 

Esta imagen está situada en lo más alto del altar mayor. Se recurrió a ella para sustituir al Cristo de la Misericordia, cuando la valiosa talla del Patrón estuvo en restauración. Por lo demás, la imagen de este Cristo, tiroteado en la guerra, se ha empleado poco para el culto, por la razón que explica también la leyenda. 

Reata de mulas transportando mercancías.


EL CRISTO DE LOS MOZOS 

Hacía dos largos días que habían salido de Las Cuevas. Y se encontraban a más de 15 leguas. Era aún noche cerrada. Hacía frío. El otoño se echaba encima precipitando la caída de la hoja y rociando los campos con las primeras escarchas. 

La expedición la formaban seis hombres, cinco de ellos mozos, y siete mulas. Llegaron aún con poca visibilidad a las salinas donde varias recuas de mulos y algunos carros se disponían a cargar. El alfolí, o almacén, de las salinas de… Villasalinas era un hervidero de empleados envasando, de hombres cargando las acémilas, de voces… Dos hachones y un gran fanal iluminaban el cobertizo donde se amontonaba la sal.

Altar mayor de la iglesia de Cuevas. en lo más alto se ve el Cristo de los Mozos.
El hombre de más edad, ajustó la cantidad a cargar, la calidad y el precio que se pagaría por ella. El capataz albalero que le atendió era un individuo osco e impertinente. Procedieron a preparar la partida de sal usando el encargado en este proceso intencionadamente diferentes medidas al mismo tiempo, de manera que tan pronto hablaba de cahíces, como de arrobas, como de cargas de mula. Y como el hombre de Las Cuevas temió por la sisa solicitó que los sacos se pesasen del modo tradicional. La sorpresa y contrariedad del capataz desvelaron sus aviesas intenciones, pero no tuvo más remedio que acceder a la petición del de Cuevas. Había una enorme romana que pendía de un gancho clavado en una viga del techo. Ataban una soguilla alrededor de cada fardo, lo elevaban a pulso. El empleado movía con una extraordinaria rapidez el pilón situándolo en la muesca. Parecía nervioso y no daba lugar a que el fiel se detuviera que era como se solían hacer los pesajes en cualquier lugar. Esto disgustó bastante al comprador que acabó por convencerse de que trataban de engañarlo en el peso. 

El camino de retorno era largo. Había que ajustar la carga muy bien. Con esta sal el pueblo tendría cubiertas sus necesidades para varios meses. Sal para las comidas; para las salazones, como el jamón y el salón; sal para los animales, especialmente para mulas y ganados… 

Antigua salega "lugar donde se ponía la sal para los ganados", en los Horcajuelos.

Losilla sobre la cual los pastores ponían la sal para las ovejas.


El hombre de Las Cuevas pagó en efectivo hasta el último maravedí. Después revisó la reata de mulas, inspeccionó el cargamento, dio órdenes a los mozos de tensar algunas sogas. Y finalmente la expedición abandonó el salobral camino de Las Cuevas. 

Aún reinaba la oscuridad, pero a espaldas de la cuadrilla se adivinaba ya una enorme mancha anaranjada en el horizonte. 

Tras media hora de marcha, se detuvieron y revisaron de nuevo el cargamento detenidamente. Arrodeaba la carga de una mula, así que deshicieron las ataduras y cambiaron dos sacos de lugar. 

El día clareaba. Alcanzaron un altozano en el cual había una ermita, a unos pasos del camino. Uno de los jóvenes se adelantó y miró por el vano de la puerta que se hallaba desvencijada y a punto de desplomarse. 


¡Hay un Cristo! – exclamó. 

Los otros se aproximaron a curiosear, pero el hombre mayor les conminó a seguir el camino. No había tiempo que perder. 

La ermita era una pobre construcción de mampuesto, muy deteriorada. Las vigas de la techumbre, alabeadas por la humedad, habían cedido tejado se combaba de manera clamorosa. Los mozos observaban desde fuera el abandono del edificio: el solado mostraba grandes boquetes, el suelo cubierto de escombros, los desconchones de los muros e incluso sobre el altarcillo se acumulaban cascotes de teja. Dos reclinatorios descompuestos eran el único mobiliario aparte del Cristo, cubierto de polvo, que presidía la capilla. 

El hombre ordenó detener los mulos y se aproximó también al postigo de la puerta. Miró con atención y dijo: 

Jamás había visto nada igual. ¿Cómo es posible que tengan al Señor en este abandono? 

Eso digo yo, padre – repuso el hijo del veterano de la misión. 

Por uno de los boquetes abiertos en el tejado revoloteó una paloma que fue a posarse sobre el hombro del crucificado. Parecía inaudito que en un tiempo como aquel en el que la fe y la devoción habían llegado a sus cotas más altas hubiese un pueblo que dejaba a sus santos en la más absoluta incuria. Pensaron que aquellas personas debían ser gentes impías y bárbaras. 

Se dispusieron a proseguir la marcha, cuando uno de los jóvenes, quizás sin reflexionar mucho, sugirió: 

¿Por qué no nos llevamos el Cristo al pueblo? 

La idea, aparentemente descabellada, fue refrendada de inmediato por otro de los arrieros: 

Eso, ¿por qué no lo sacamos de ahí y nos lo llevamos? 

Al fin y al cabo si esa imagen se queda ahí el invierno acabará con la ermita y con ella – añadió un tercero al que había ilusionado también la proposición. 

Hicieron falta algunas razones más para convencer al capataz de la expedición, al que todos miraban esperando su aprobación. Su conciencia no le permitía tomar algo que no era suyo, pero pensó que quizás fuera más delito el dejar desasistido a Jesucristo quien desde su polvorienta cruz parecía demandar auxilio. Y, acordándose del trato desabrido y cicatero que le habían dispensado en las salinas, autorizó a los mozos que le acompañaban a tomar la imagen. 

En primer término, el Cristo de la Misericordia. Al fondo, en el altar mayor, el Cristo de los Mozos.


Con poco esfuerzo franquearon la puerta de la ermita, penetraron en su interior y descendieron del muro al Cristo, que era una talla más pequeña que el natural. Dispusieron al crucificado sobre una de las mulas, la que portaba menos peso, y lo cubrieron bien con mantas de modo que no se apreciase lo que transportaban. 

A toda prisa se alejaron del lugar y se internaron en los caminos que atravesaban los montes de esa parte de la Serranía Baja con dirección a las Cuevas de Cañatazor. 

Los seis arrieros viajaban felices hacia su pueblo, con la idea de que llevaban un gran tesoro. Avanzaron a buen ritmo durante todo el día. Pasaron de largo por posadas y fondas del camino, por no levantar sospechas y evitar a curiosos. Y cuando caía la noche buscaron un lugar bien discreto, apartado del camino, para descargar las caballerías y descansar. 

Cuando el día siguiente amanecía, la recua de mulas llevaba ya una hora de camino. Todo era alborozo y alegría porque al final de la jornada alcanzarían el destino. Las mulas iban exhaustas pero la proximidad de los pesebres y del calor y el descanso de las cuadras las espoleaba para andar más deprisa. 

Entrando la noche, llegaban al pueblo, agotados de bregar por los caminos. Descargaron la sal y el Cristo, que causó un gran asombro. Cuando narraron las circunstancias por las cuales lo habían robado, todo el mundo convino en que habían obrado correctamente, incluso el cura bendijo aquel hurto piadoso y abrió la iglesia para dar cobijo a un huésped tan especial. 

Desde ese momento el Cristo se alojó en la iglesia de Las Cuevas. Quizás al principio ocupó un lugar más próximo a los fieles, pero acabó asignándosele la hornacina de la parte alta del altar mayor, debido seguramente a un desafortunado sucedido. 

Pudo haber sido agradecido el Cristo traído desde una ermita tan lejana, pero cuando se le dio ocasión de mostrar su gratitud no se mostró magnánimo ni benefactor precisamente con el pueblo que le había acogido. Se dice de este Cristo que en cierta ocasión el pueblo sufría una sequía espantosa, que las cosechas se perdían sin remisión y que se necesitaba la lluvia para salvarlas. Entonces el pueblo invocó al Cristo, a este Cristo al que habían salvado de aquella ermita en ruinas, con la esperanza de que les restituyese el favor. Lo pusieron en andas y lo sacaron en rogativas pidiendo la lluvia, pero en lugar de la lluvia benefactora, en plena procesión, se desató una terrible tormenta durante la cual, a impulsos de un fuerte pedrisco, todo el arbolado y lo que quedaba de las cosechas quedó completamente arrasado. 

Por esta razón se decidió confinar esta imagen allá arriba, en lo más alto, y dejarla en su camarín para siempre. 

Esta es la leyenda del Cristo de los mozos, al que seguramente se le llamó así porque hubo en el pueblo una cofradía con ese nombre que pudo ser la propietaria o encargada del culto a dicha imagen.



miércoles, 13 de junio de 2018


         LA IGLESIA DE LAS CUEVAS DE VELASCO 
              (MÁS DATOS E INFORMACIONES) 




En el año 2016 tuvimos ocasión de entrar en la sacristía de la Iglesia de Cuevas y observamos que había expuestos a la vista una especie de paneles en los cuales se presentaba un breve pero interesante estudio arquitectónico e histórico del templo parroquial de Cuevas. 



La descripción del templo es muy completa y precisa. Vale la pena realizar una atenta y detenida lectura, a ser posible “in situ” para deleitarse con esta maravilla de monumento que tenemos en Cuevas de Velasco. 




Por lo que se refiere a los comentarios sobre el estilo arquitectónico y sobre los datos históricos, parece que el autor fundamenta sus afirmaciones en los datos obtenidos del Libro de Fábrica del templo. Estos libros suelen ser de gran fiabilidad, pues vienen a ser como registros contables de todas las obras de construcción, restauración y modificación de las iglesias. 



Observamos, no obstante, ciertas afirmaciones sorprendentes que habría que tratar de confirmar o desechar, pues modifican sensiblemente el relato que conocíamos sobre la construcción de la iglesia. 



Cuando en el informe se habla de que en el año 1569 “las paredes son de mampostería, excepto la capilla delantera que es nueva y tiene bóveda”, suponemos que se refiere a que los muros existentes pertenecían al edificio que precedió al actual y seguían sujetando la antigua techumbre de la iglesia, posiblemente románica, anterior a la actual. También se deduce que la antigua iglesia no contaba con bóveda. 



La visita de diez años después, 1579, informa de un detalle llamativo: la iglesia tenía dos naves, aspecto este que hasta ahora no se conocía. ¿Es posible que la traza inicial de la iglesia de Cuevas contemplase la posibilidad de un templo con dos naves? Parece extraño, pero no es menos raro un templo de tales dimensiones de una sola nave. El propio estudio sugiere la idea de que posiblemente a lo largo del siglo XVII las dos naves se transformasen en una. Esta es una cuestión complicada, aunque imaginamos que, más allá de la solvencia de estas fuentes, un experto en la materia podría hallar algún resto arqueológico que confirme esta aseveración. ¿O la mencionada iglesia de dos naves sería todavía el antiguo templo románico que precedió a la actual iglesia? 



Otro apunte destacado que nos propone este estudio es que la iglesia pertenece al final del gótico, aunque, eso sí, con claros elementos renacentistas. 



Facilita también el estudio un listado amplio de personajes que intervinieron de una u otra forma en las diferentes etapas de la construcción del templo de Cuevas de Velasco. Igualmente podemos encontrar alguna conjetura difícil de probar, pero lo más interesante es que se expone la idea de que la iglesia muestra una unidad de criterios y de actuación, debidos a la mano de un principal maestro, Francisco del Campo. 

El trabajo está firmado por Juan J. De Julián, Arquitecto Técnico y data del año 2013.

miércoles, 6 de junio de 2018



    VOCABULARIO TÍPICO DE CUEVAS DE VELASCO 


En esta nueva entrega del habla particular de Cuevas de Velasco, sugerimos una serie de términos antiguos aportados por Lorenzo Arana, cuyo padre, Emilio Arana, fue sacristán de la parroquia de Cuevas y más tarde de El Salvador, de Cuenca. 


Mozón. Se dice de los niños que han crecido o que están creciendo. Es en realidad una paradoja, pues se usa este aumentativo de mozo para quien es aún un bebé o un niño pequeño. Se trata de un término cariñoso, no exento de ternura cuando se dirige uno a una criatura. 

Cambaruche. Al desván se le llama cámbara en Cuevas de Velasco. Cambaruche es una cámbara pequeña, un altillo dentro del propio desván, o bien una cámara sobre pajares, tinadas o cobertizos.



Rebaila. Se trata de una peonza o, como se dice en Cuevas de Velasco, un chompo pequeño. Es un juguete parecido a la peonza que se hace bailar haciéndolo girar con los dedos. 



Zupio. Se usa en masculino y en femenino y se aplica al sedimento del casco. El zupio o zupia es una especie de barrillo de color marrón que se acumula bajo el escobajo y el orujo de la uva. 

Cordelero. Se dice de quien es liante y cicatero, de quien pincha, incita, provoca y fastidia con frecuencia. 

Marules. Se aplica a la persona algo indolente, lenta, perezosa. Es uno de estos apelativos que tanto abundan en el habla de Cuevas y que recaen, con distintos matices, sobre toda esta progenie de personajes que no están bien considerados por el grupo social porque son holgazanes, tardones y alérgicos al trabajo.
Cotana. Rebaje que se practica en una madera, para encajar otra o para ajustar una cuerda, soga o goma y evitar que se mueva. 



Tontilán. La lengua de Cuevas de Velasco es muy rica en términos para definir o calificar a los necios. Tontilán es el bobo simplón, un individuo con poco seso que incluso se ríe de sus propias torpezas. 

Retotón. Se llama retotón a un agrupamiento de cosas, especialmente, hierbas, flores o setas. Cuando los hongos crecen juntos, amontonándose unos sobre otros, se habla de retotón de hongos. 




Silre. Excrementos del ganado y de los conejos. Conjunto de estos excrementos que se acumulan en los llamados silreros. 




Papo. Se trata de una exclamación referida a una parte del cuerpo, bien la papada o bien la vulva. Sin embargo a fuerza de uso se ha convertido en un término que no resulta ni grosero ni injurioso. A veces se emplea como una simple muletilla en la conversación. 

Pupaculo. Se dice de la persona muy ñoña y delicada que se queja por cualquier cosa. 

Tiote/a. Es apelativo que se aplica a una persona menuda de poca credibilidad y de escaso juicio.