jueves, 12 de noviembre de 2020

                             ¿SON HUEVOS DE DINOSAURIO? 


Rocas formadas por acumulación de materia alrededor de un núcleo. Cuevas de Velasco.

            
En mis andanzas por el término trato de poner la mirada en todo aquello que informa sobre cualquier aspecto que se refiera a nuestro pueblo: historia, tradiciones, curiosidades… Las más de las veces uno va buscando algo en concreto: un resto arqueológico, un árbol singular, un manantial, un accidente geográfico, etc., mientras que en otras ocasiones son sucesos azarosos los que te ponen delante algo inesperado. 

Se observan las capas o bandas que han ido formando la curiosa roca. Cuevas de Velasco
                                                   

Sucedió hace algunos años que andando yo por un cerro para tomar nota de las sepulturas en piedra que hay en la ladera de aquella montaña y que no todo el mundo conoce, una vez inspeccionado el lugar, me desvié dando un rodeo y fue entonces cuando se produjo el hallazgo. 

De una base informe emerge esta llamativa semiesfera. Cuevas de Velasco.

Allí estaba, ante mí, el extraño pedrusco. Lo giré una y otra vez tratando de hallar algún indicio que pudiese desvelarme de qué se trataba. Pero, la verdad, no logré armar una idea acabada de qué demonios era aquello. 

En la naturaleza son bastante raras las formas geométricas regulares. Figuras triangulares, cuadradas, esféricas…, son más bien extrañas. Así que cuando uno tropieza con algo que recuerda a un volumen geométrico la primera idea que surge es si habrá sido realizado por el hombre. 

Huevos fósiles de gran tamaño. Rusia.


La roca que encontré en este paraje cuyo nombre callaré para evitar que pueda husmear allí algún desaprensivo, que los hay, parecía haber sido cincelada a conciencia y formaba en la mitad de su superficie una hemisferio perfecto. 

Sin embargo, mirada detenidamente no se observaban huellas del tallado y de la acción de seres inteligentes. 

Y ahí quedó todo. Eso sí, en este blog publiqué una foto que titulé “Posible ídolo”. No reflexioné más sobre aquello y la idea de asociar el pedrusco a un ídolo, me la sugirió un idolillo de roca procedente de Chillarón que encontré en el Museo Arqueológico de Cuenca. 

Ídolo de Chillarón. Museo Arqueológico de Cuenca

Este verano, Maruja, que recorre también incansable las tierras de esta villa de Cuevas, me dice: 

- Quiero que veas algo que he encontrado. 

Le respondo que cuando quiera. Y al final, al estilo de los tiempos que corren, acaba enviándome por whatsapp las fotos de unas piedras que de inmediato me recuerdan a aquella que yo había hallado hace años. 


                     
              Rocas ovaladas encontradas en Cuevas de Velasco. Parecen estar formadas por capas. 


Pensé que ya no estábamos ante un suceso casual, una forma aislada circunstancialmente redondeada. Pero, claro, ¿qué pensar? ¿cómo interpretar estas formas esféricas? ¿a qué o a quién atribuirlas? 

Comencé a darle vueltas al asunto, partiendo de la hipótesis de que podría tratarse de rocas metamórficas que a veces toman estas caprichosas formas esféricas. Se les denomina concrecciones y suelen presentar un núcleo alrededor del cual se han formado capas. Sin embargo, esta explicación no acaba de seducirme ni de satisfacerme. 

Estoy en ello cuando unos días después me envía Maruja su teoría: 

- ¿Y si fueran huevos de dinosaurio fosilizados? - me dice. 

Caramba, parece que hemos pasado de una anodina clase de geología a una película de Indiana Jones. “Huevos de dinosaurio en Cuevas de Velasco”, me digo como componiendo mentalmente un titular. 


                Huevos fósiles de dinosaurio procedentes de diferentes lugares del mundo.


Les confesaré que en este momento sigo sin saber a qué atenerme, entre otras cosas porque para encontrar la solución me temo que será preciso abrir esas piedras y yo no lo haré. Debería hacerlo un experto, claro. 

Si descartamos que hayan sido trabajadas por hombres del pasado, se debilita la teoría del ídolo o la estela. A favor de esta teoría, sin embargo, está el hecho de que en la zona en la que se encuentran no hay materiales de los que están formadas. Posiblemente alguien las llevó allí. 

Desde luego, son compatibles con geodas, que son unas rocas ovoides o redondeadas cuyo interior está hueco con frecuencia, aunque no siempre, y contienen cristalizaciones de diversos minerales. Habría que partir alguna más para ver qué secreto guarda el interior.

Geoda.

En cuanto a la teoría más atrevida, que se trate de huevos de dinosaurio fosilizados, no es fácil probarla porque por un lado son piezas demasiado grandes y, por otro lado, se han encontrado aisladas, mientras que los huevos fósiles aparecen con frecuencia en grupo en los nidos que fueron abandonados. 

Quizá entre las lectoras y los lectores de este blog haya alguien que sea capaz de arrojar luz sobre la cuestión. 

domingo, 8 de noviembre de 2020

                                  LA GARBANZÁ 

Garbanzá terminando de hacerse.


La garbanzá o potaje de garbanzos alimenta a las gentes de Cuevas de Velasco desde hace mucho tiempo. El guiso por excelencia solía trabajarse con bacalao, pero también se echaba mano del chorizo y de otras viandas. Y tampoco era rara una buena olla de garbanzos sin carnes ni bacalao. 

Los garbanzos se producían antiguamente en el pueblo. Era rara la casa que no tenía un garbanzal para cubrir las necesidades de la familia. Hay que recordar que otro de los guisos principales que requiere los garbanzos es el cocido. 

Mata de garbanzos, aún granando.


En cuanto al bacalao, como se sabe, era uno de los pocos pescados que llegaban a los pueblos del interior. El bacalao en salazón era muy socorrido y su precio resultaba, comparativamente hablando, muy inferior al que tiene hoy. 

En definitiva, se trata de un guiso de importancia, con muchas variantes, pues se completaba con lo que había más a mano. 

El potaje que presentamos aquí es, en esencia, muy semejante a aquel que que se arreglaba en las cocinas del pueblo hasta hace medio siglo. Sin embargo, nos permitiremos alguna licencia para redondear este plato que no puede faltar en ninguna casa que se precie de comer bien. 

Ingredientes de la garbanzá. Pueden variar las verduras y hortalizas.



INGREDIENTES 

Garbanzos, en remojo desde el día anterior. 

Bacalao, en remojo desde el día anterior. 

Cebolla. 

Ajo. 

Laurel. 

Pimentón dulce. 

Espinacas. 

Huevos. 

Aceite. 

Azafrán. 

Sal. 

Pan rallado. 

Perejil. 

Opcional: gambas, 1 tomate, 1 zanahoria, 1 patata... 



PREPARACIÓN 

Ponemos una olla con agua al fuego y vertemos en ella los garbanzos. Puñado y medio por persona será suficiente. Junto a los garbanzos se pueden poner una o dos hojitas de laurel y un diente de ajo. Salar muy ligeramente. 

Preparamos el sofrito y para ello ponemos al fuego una sartén con aceite de oliva. Picamos finamente la cebolla y laminamos el ajo. Podemos añadir también una o dos cucharadas de tomate rallado. 

Añadiendo el sofrito a la olla del potaje.

Cuando la cebolla y el ajo se ablanden y comiencen a transparentarse añadiremos una cucharadita de pimentón dulce. Si el aceite está muy caliente conviene apartar la sartén para evitar que se queme. 

Si damos previamente un hervor a las espinacas, las podemos incorporar al sofrito, o bien ponerlas junto a este en la olla. 

Cuando la cocción de los garbanzos vaya ya adelantada verteremos en la olla el sofrito y las espinacas. 

El bacalao lo incorporaremos en la última parte de la cocción y debe hervir lentamente para que no se deshaga. 

El bacalao se añade en el último cuarto de la cocción.

Rectificamos de sal, si es necesario, y ponemos un poco de azafrán. 

Para enriquecer el guiso podemos picarle en los últimos minutos uno o dos huevos cocidos. 

También había quien añadía una exquisitez: unas albóndigas pequeñas que se arreglaban con un poco de bacalao desmigado que se reservaba, pan rallado, un diente de ajo picado, perejil y un huevo. Aquí hemos añadido unas gambas. 

Los rellenos o albóndigas enriquecen el guiso.

Potaje, plato contundente y exquisito.



¡Que aproveche! 







viernes, 30 de octubre de 2020

 

     LAS ENIGMÁTICAS TORRES DE LOS VILLARES 


Una de las dos torres esculpidas en roca.


Al no haber hallado ni una sola referencia histórica que mencione el despoblado de Los Villares de Cuevas de Velasco, debemos fijarnos en los materiales que se pueden encontrar en superficie por toda su extensión y, lo que es más productivo, en las estructuras ausentes. 

Incluso así, la datación será estimativa y resultará poco menos que imposible dar una fecha concreta de fundación o abandono, salvo que en el futuro algún hallazgo epigráfico, documental o arqueológico arroje luz sobre esta cuestión.

Situación del sitio arqueológico de Los Villares.
 

Extensión y localización del despoblado y de su necrópolis.



De lo que no cabe la menor duda es de que en el lugar existió un poblado. Lo atestiguan no solamente el nombre de Villares, que suele darse a los villorrios abandonados, sino la cantidad de restos de construcciones que afloran a su superficie, especialmente piedras, trozos de tejas y una cantidad considerable de restos de vasijas cerámicas. 

Sin embargo lo que más llama la atención del lugar es el peñasco, la Peña del Fraile, alrededor del cual se asentaba el poblado de Los Villares. En esta roca hay una cavidad practicada por el hombre que tiene forma de hornillo de yeso, de ahí que la gente de Cuevas se haya referido a ella como el horno de Los Villares. 

El llamado horno de Los Villares, aljibe con cubeta de decantación.


El llamado horno de Los Villares fue seguramente un silo para guardar el grano o un aljibe. A pesar de que en algún momento de la historia se partió y se conserva apenas la mitad de la concavidad, podemos deducir que su capacidad alcanzaría los tres mil litros. 

Al otro extremo del espolón, a  43 m del horno, se alzan dos construcciones gemelas parecidas a dos torres esculpidas en la roca. Desde luego ese es el aspecto que presentan, el de dos torres, sin embargo la idea de una construcción defensiva no cabe en nuestros pronósticos. 

Misteriosa torre en la Peña del Fraile.

¿Qué significan esos dos cilindros enormes que cierran el espolón de la Peña del Fraile por el sur? 

Si observamos bien el lugar, todo apunta a que la construcción de estos dos elementos quedó interrumpida bien por un derrumbe o bien por otra causa inesperada. Así, hoy podemos ver un cilindro de más de 1.5 m de altura por otro tanto de base, y a su lado otro medio derruido de semejantes dimensiones. 

Pero la cuestión es si lo que pretendían aquellas gentes era construir dos depósitos y la roca se resquebrajó, de manera que tuvieron que abandonar y dejarlos inconclusos, o si lo que se proponían era justamente esculpir una torre cilíndrica. 

Construcción interrumpida por derrumbe o por abandono.



Pensamos que la primera opción parece más probable. Depósitos, silos o aljibes solían estar presentes en los poblados antiguos. De hecho, en el mismo término de Cuevas, en Valdemarón, al lado de las sepulturas, hay un hueco globular excavado en la roca, menor que los de Los Villares, y otro de mayor capacidad, suponemos que todos con una utilidad muy parecida. 

Para excavar estos depósitos practicaban una cotana en forma de corona.

La cerámica esparcida por el lugar apunta a un poblamiento medieval. La cuestión es si pudo compaginar su existencia con el actual asentamiento de Cuevas de Velasco o si fue la ocupación musulmana y la posterior fundación del pueblo en el lugar que ocupa hoy los que precipitaron su abandono. 

A pesar de que la superficie del poblado alcanzó unas dos hectáreas, debió tratase de un pequeño enclave con chozas dispersas levantadas con materiales pobres. Lo que sí es probable es que el lugar contase con un muro defensivo. No se explicaría de otro modo la gran concentración de piedras siguiendo el perímetro del despoblado. 

Por los años 90 del siglo pasado se encontró la necrópolis de esta aldea. Se halla situada al sur, sobre un cerrillo plano en su parte más elevada. Unos surcos con vertedera dejaron al descubierto varios restos óseos, incluido algún cráneo completo. 

Cráneo encontrado en la necrópolis.

Sin restos de iglesia o capilla, sin trazas de urbanismo, sin buen abastecimiento de agua (solo la poza de la fuente de las Casas, hoy seca, a 500 m y el río), sin un emplazamiento que facilitase la defensa, el asentamiento de Los Villares estaba abocado a su abandono y así sucedió. 

Uno de los torreones visto desde la ladera.



miércoles, 21 de octubre de 2020

 

     UN DOMO GEODÉSICO EN LAS ERAS 

Base del domo geodésico. Iglesia de Cuevas al fondo.


Me encuentro en la era del abuelo Pedro a Luismi enfrascado en su proyecto y, la verdad, no me resisto a preguntarle qué es lo que se propone y a qué viene esa fiebre constructora. 

El asceta urbano responde a mi pregunta con paciencia, quizá con esa calma aprendida de las prácticas orientales que propugna. 

Los cuencos tibetanos son una de las herramientas que se usan en la sonoterapia.



- Pues, verás, creo que la sociedad atraviesa por una situación complicada. La gente vive angustiada. Mi idea es ofrecer una instalación a la que pueda acudir todo aquel que desee relajarse y restablecer su equilibrio emocional. También ofrecer una alternativa para aliviar diversos tipos de dolencias. 



Va desgranando sus explicaciones muy centrado en lo que afirma. Gesticula con las manos formando esferas imaginarias cuando se refiere a los astros, devanando un hilo invisible cuando hace referencia a los embrollos a los que se enfrenta la condición humana en nuestro tiempo. 

- Mi idea es levantar un domo y practicar en su interior la técnica de la sonoterapia. Esta bóveda que vamos a construir aquí tendrá 9 metros de diámetro. El objetivo es crear un lugar donde el sonido se propague de forma estudiada. 

Luismi con el autor de este blog.


Me conduce al centro del domo geodésico y me pide que hable y que compruebe cómo la propia voz reverbera, y, lo cierto es que uno la recibe como un curioso sonido envolvente. 

Me mira con la solvencia de un avezado especialista en la materia cuando le pregunto cómo sana la sonoterapia. 

- Se trata de una disciplina muy antigua. Se sabe que ya los griegos la practicaban, aunque hoy día muchas de sus referencias nos llegan desde El Tibet y la India. 

Con el maestro Vikrampal Singh.


La terapia del sonido actúa sobre nosotros a través de las vibraciones y frecuencias que emiten unos instrumentos, como los gongs y los cuencos llamados tibetanos. Y, bien, el estremecimiento, a veces imperceptible, que estos sonidos provocan en las personas y en su entorno pueden devolver la armonía a nuestras emociones e incluso a nuestro cuerpo. 

Luismi me habla de las constelaciones, de los astros, de la energía (“Somos energía”, dice). Se extiende en explicarme cómo ha adquirido él estos conocimientos a través de expertos en la técnica. 

- Aquí queremos construir dos cabañas, con una zona de aseo. También queremos ajardinar todo este espacio. ¿Las vistas, dices? Fíjate qué panorama puede divisarse desde aquí. El lugar, desde luego, es fantástico. 

Lugar donde se situarán las cabañas y el aseo.

Vista general del complejo del domo.


Le pregunto si la terapia por los sonidos tiene alguna connotación religiosa perteneciente a doctrinas orientales y me responde tajante que no, que se trata de una actividad encaminada a buscar la sanación de las personas por medios naturales. 

En poco tiempo veremos crecer en las eras esta construcción de aspecto marciano y es de esperar que comiencen a llegar al pueblo gentes interesadas en los servicios de Ravi Bhagat Singh, que es como se hace llamar ahora Luismi.


viernes, 18 de septiembre de 2020



                   UN PASEO POR LOS OLORES DEL PUEBLO 



Hay olores que perduran en el recuerdo toda una vida y cuando uno los reencuentra revive aquellos tiempos. Muchos olores del pueblo han desaparecido, ya no es posible percibirlos, pero otros siguen formando la seña olfativa de Cuevas de Velasco. 

Afina tu mente y tu nariz; te ofrezco un paseo por los aromas que mejor evocan nuestro pueblo. 

1. Olor del saúco. Peculiar como el que más, inconfundible. El olor fuerte, penetrante, e incluso apestoso, deja su profunda impronta en la memoria. Se trata de una planta con un amplio aprovechamiento en medicina natural y en perfumería. 



2. Olor del espliego en el lavadero. Hacia el final del verano, cuando la flor del espliego maduraba, la zona del lavadero se inundaba de alcanfores, aromas delicados e intensos a lavandas finísimas y a infusión de flores. 




3. Olor de las flores del azafrán al despinzar. Cuando se despinzaba el azafrán se reunían cuadrillas de personas alrededor de las mesas y se iba acumulando la flor ya desbriznada en montones. Estos montones recordaban vagamente al aroma del azafrán, pero lo más intenso era el tostado del azafrán, pues entonces la casa entera rebosaba de la conocida fragancia, intensa, inconfundible del llamado oro rojo. 



4. Olor del tren de carbón. El paso del tren arrojaba al aire el inconfundible olor que desprende la combustión del carbón con sus tufos a hollín, a carbonilla y a tizne. 




5. Olor de los lilos. Los lilos, cuando están en plena floración, desprenden un inconfundible perfume a jabones. 




6. Olor del horno del pan. En los hornos del pueblo reinaba el olor a pan horneado, caliente, crujiente. Se aspiraba el aroma a harina tostada y a leñas de roble y encina en combustión en medio de ráfagas de anís de las rosquillas o de huevo de los dormidos. 




7. Olor del humo de las lumbres al amanecer. La lumbre olía, según la leña que entraba en combustión, a resinas de pino, a humo denso y asfixiante de enebro o sabina, a fuego noble de encina seca, a támaras de roble que crepitaban como las algayubas... 




8. Olor de las cortes, cuadras y corrales. Las cortes, cuadras, y el estiércol de los corrales apestaban barrios enteros cuando se removían. Y sin embargo el hedor de las materias en descomposición natural hería menos que las pestilencias nauseabundas de las letrinas y las cloacas de ciudad. 

9. Olor de los ganados. En algunas ocasiones hasta ocho o diez ganados ahijaban en el pueblo. Vivíamos con los efluvios constantes de más de mil ovejas. Los matices también los recordamos: no huele igual una oveja seca que una mojada, por ejemplo. 

10. Olor de los hongos. Cada especie de hongo presenta un tono distinto, pero, en general, los hongos nos recuerdan el olor de la madera, del mantillo del bosque, de la vegetación, los pinos y la resina. 




11. Olor de la verbena. El cobertizo que se construía en la plaza de Cuevas en los días anteriores a la fiesta del Cristo se confeccionaba con palos y ramas de roble, encina, chopo, olmo. El roble desprende fragancias a mohos, vino, madera, cartón perfumado… 




12. Olor del arrope haciéndose en el caldero. El mosto cocido, evaporado…, olía a azúcar tostada. Dulzón y empalagoso, es uno de los aromas más potentes que recordamos. 




13. Olor del cáñamo. Aunque la especie de cannabis cultivada aquí desde tiempos inmemoriales no es la que más principios estupefacientes tiene, todo el que entraba en un cañamar percibía bien la atmósfera exótica, hipnótica y ligeramente mareante de la plantación, efectos que se acentuaban cuando el cáñamo era agramado en la era. 




14. Olor de un pepino o de un tomate cogidos de la mata. Inspirar ante un pepino es aspirar un aroma a frescura, a limpieza y a verdor. El tomate huele a la mata que lo cría. Se trata de un aroma a verdor estimulante del apetito, con resonancias ácidas y alcohólicas.



 


15. Olor de la hoja y el fruto del nogal y la higuera. Sin ser un sabueso, el hombre del pueblo podría identificar estos árboles con solo olerlos. Quien se ha engarbado por el tronco de una higuera en busca de los carnosos frutos conoce bien ese olor fresco, cremoso, afrutado, y qué decir del nogal cuyos fuertes vahos se reconocen especialmente si manoseamos las hojas o si tratamos de machacar una nuez aún medio verde.