sábado, 10 de abril de 2021

 
                        MAGDALENAS RICAS RICAS

                                


He elegido una receta de Cuevas, pero hay que dejar claro que tanto en el pueblo como en otros lugares los ingredientes para hacer magdalenas son muy variados. Podemos usar los cuatro ingredientes fundamentales y básicos: huevos, aceite, harina y azúcar, o bien echar mano de la leche o incluso de la mantequilla.

En Cuevas de Velasco cuando la gente se ponía a hacer repostería aprovechaba su turno en el horno para llenar una cesta o incluso una canasta. En este sentido baste recordar que la receta de los dormidos comenzaba con esta frase: “Para una canasta de dormidos…”.


Además del aceite, los huevos, la harina y el azúcar, se usaban los papelillos de gaseosa y un poco de ralladura de limón y/o naranja.

Hoy en día se separan las yemas de las claras y se llevan estas a punto de nieve. Luego se van añadiendo los demás ingredientes poco a poco. Pero yo recuerdo que mi madre cascaba docena y media de huevos en un barreño, añadía el azúcar y batía estos dos ingredientes enérgicamente durante un buen rato hasta conseguir un batido rico en burbujas que contribuía luego a la esponjosidad de las magdalenas.

INGREDIENTES

1 k de huevos

1 k de harina

1 k de aceite

1 k de azúcar

Harina de maíz (Maizena)

Ralladura de limón

Caja de papelinas de gaseosa

Levadura en polvo.




MODO DE PREPARACIÓN

1. Siguiendo el método clásico, ponemos los huevos en un recipiente grande junto con el azúcar (apartamos unos 100 gramos de azúcar para adornar las magdalenas). Batimos con energía hasta conseguir una pasta con abundantes burbujas.

Otra opción es separar las claras de las yemas, levantar a punto de nieve las claras y luego añadir con cuidado las yemas, también batidas.

2. Quitamos unos 150 g de harina de trigo y la sustituimos por harina de maíz. Vamos añadiendo al recipiente poco a poco la harina y el aceite. Mezclamos todo de manera que no queden grumos. Añadimos la ralladura de dos limones y unas 12 papelinas de gaseosa. Otra opción es usar solo cuatro gaseosas azules y tres blancas y completar el emulgente con un sobre de levadura en polvo.






3. Dejamos reposar la pasta de las magdalenas durante un par de horas.

4. Con un cazo vamos llenando tres cuartas partes de los moldes que estarán colocados en las latas de hornear. Ponemos sobre cada magdalena un poco de azúcar de la que hemos apartado.

                                    

5. Ponemos las latas o planchas de hornear en el horno caliente. Cocemos las magdalenas por espacio de unos 25 a 35 minutos, según eficiencia del horno, a unos 180 grados. Es importante no abrir el horno hasta el final.


Con las medidas que sugerimos podemos obtener hasta 80 magdalenas. Si se reducen las cantidades hay que tener en cuenta que la masa admitirá algo menos de harina. Así, para 300 g de huevos, precisaremos 300 g de azúcar, 300 g de aceite y unos 280 g de harina.




Las magdalenas se preparaban aprovechando fiestas o celebraciones, pero a veces se hacían sin esperar a estos acontecimientos o con cualquier otra excusa. Constituyen un complemento ideal para desayunos y meriendas. También eran muy apreciadas para la alimentación de personas ancianas que carecían ya de dientes. Solas o mojadas en leche, las magdalenas son siempre una buena solución incluso para paladares delicados.









sábado, 13 de marzo de 2021


                       EL LAVADERO DE CUEVAS DE VELASCO


Conjunto de la fuente, con su abrevadero, el lavadero y la pileta para aclarar la ropa.


El lavadero de Cuevas de Velasco es una construcción de cierto mérito y posiblemente una de las edificaciones más antiguas del pueblo que aún sigue en pie. Y si a la alberca de lavar la ropa le unimos la fuente y pilar antiguos, que se encuentran al lado, ambos forman un interesante conjunto arquitectónico evocador de otros tiempos, de trabajos y quehaceres de nuestros antepasados.


Pilón abrevadero de la vieja fuente.


La fuente, con su pilar abrevadero, y el lavadero reciben el agua del nacimiento situado, más o menos, a la altura del puente del camino de la Duz, a través de un pequeño acueducto soterrado que antiguamente era de piedra.

Chopera del paraje de la fuente.


Sabemos que el agua de dicha surgencia es dura, de mala calidad, pero no es menos cierto que se trata de uno de los pocos manantiales que ha soportado bien las sequías, y si algún año ha dejado de manar es probable que se deba a deficiencias en la captación o a que esta conducción se atasca pronto con las raíces de los grandes árboles y requiere un mantenimiento continuo.

El lavadero tiene forma octogonal.



La fuente del Caño es de hechuras elegantes y casi monumentales. Toda ella está construida en piedra de sillería bastante regular. Consta de un muro, que recientemente ha sido rehecho, pues el tronco de un árbol presionaba sobre él y se veía claramente desplomado, y de un pilón abrevadero en el que destacan los grandes bloques que forman el estanque. Especialmente llamativos son los dos bloques que cierran los extremos de la fuente, de una sola pieza. En el extremo más próximo al pueblo se aprecia bien el desgaste de la entrada y salida de cántaros, botijos y otros recipientes en la piedra.

El muro de la fuente es de sillería.


El remate del muro de la fuente estaba formado por unas albardillas o cubre muros, también de piedra arenisca. Creemos que habría que completar esta construcción no solo por devolver a la fuente su primitiva apariencia sino también por proteger el muro de la intemperie y evitar que se produzca un deterioro más acelerado.

Faltan las albardillas para que la fuente quede completa.



El otro conjunto está formado por un original lavadero en forma de octógono irregular y una pileta de arenisca de una sola pieza que ocupa uno de los ocho lados.

La pila está labrada en un solo bloque de piedra arenisca.



Los muros del lavadero son de sillarejo y mampuesto, de perfiles y acabado menos perfectos que el muro de la fuente. Sobre dichos muros se asientan unas 15 o 16 losas inclinadas sobre las cuales llegaban a ponerse otras tantas lavanderas.

Los muros del lavadero y el de la fuente son de distintas hechuras.



La fuente vieja del Caño y el lavadero están situados en una zona de aluvión, pues ahí se recogen las piedras y lodos que arrastran las corrientes cuando llueve. Por esta razón, tanto el pilón como el lavadero fueron lodándose de manera que los sedimentos alcanzaban hasta el borde. Así que cuando acudían las bestias a beber debían bajar la cabeza para encontrar el agua y las lavanderas debían hacer su ya de por sí penoso trabajo de rodillas.

Las grandes piedras que forman el pilón.



Esta situación se ha subsanado en la actualidad. Tanto la fuente como el lavadero han recobrado el aspecto que debieron tener antiguamente. El problema es que han quedado muy por debajo del camino y creemos que, a pesar de los muros de protección no hay suficiente garantía de que no vuelvan a colmatarse por los arrastres del agua.

El lavadero  y la fuente quedan hoy día por debajo del nivel del camino.


Desconocemos la fecha de construcción del lavadero y de la fuente vieja del Caño. Lo que sí parece claro es que los carteles que se colocaron etiquetando el lavadero como “romano” nos parecen fuera de lugar, pues por un lado, hasta la fecha, no se han encontrado vestigios de asentamientos romanos de entidad en el término de Cuevas, y, por otro lado no hemos visto construcciones semejantes en excavaciones romanas. De hecho hoy sabemos que los lavaderos romanos (fullonicae) no solían tener este aspecto. Lavaban la ropa en cajetas o tinajas, también en pequeños estanques, usando orines.

El lateral de la fuente se cierra con un solo bloque.


Recientemente, tras la restauración del conjunto, se ha apuntado que el lavadero pudo ser construido hacia el siglo XVII. Nos parece una datación más acertada. Precisando un poco más, es posible que la fuente y el lavadero sean contemporáneos de la iglesia de Cuevas, pues sabemos que mientras el siglo XVI fue el periodo más próspero en la historia del pueblo, entonces llamado Cuevas de Cañatazor, en el siglo XVII se produjo una profunda crisis que reduciría la población a prácticamente la mitad en unas décadas.

En el siglo XX, hacia los años 60, se construyó otra fuente con su pilar abrevadero a unos metros porque el viejo ya quedaba casi sepultado por el lodo. Y posteriormente también se alzó un nuevo lavadero que tuvo una vida breve pues ya habían llegado las primeras lavadoras al pueblo.

Fuente y lavadero nuevos, este segundo ya eliminado.



El lugar de la fuente del Caño fue muy frecuentado durante siglos. Allí coincidían las mujeres que lavaban la ropa, las personas que iban a sus huertos de la Rivera, los hombres que venían con las bestias del laboreo de la tierra a dar agua a los animales, y, durante el final del verano, las personas que acudían a vender su espliego, pues a unos metros del lavadero se instalaba la caldera de destilar la lavanda. También se encontraba en las inmediaciones la desaparecida ermita de Santa Ana.

La tarea del lavado de la ropa se asignaba tradicionalmente y casi exclusivamente a las mujeres. Se trataba de un trabajo duro y penoso. Las lavanderas solían bajar por la calle de La Fuente con sus canastas, cubos y barreños llenos de ropa. A veces traían una cesta o canasta a la cabeza puestas sobre un rodete.

Jabón artesanal con el que se lavaba.


Para el lavado de la ropa se usaban jabones artesanales fabricados en las casas con aceites, grasas animales y sosa cáustica. A la intemperie, con el agua sempiternamente helada y con los fríos invernales, muchas mujeres sufrían los temidos sabañones y con cierta frecuencia las manos llegaban a sangrar.

El lavadero y la fuente fueron, sin embargo, uno de los centros sociales más dinámicos del pueblo. Allí hablaban ellas de sus asuntos y allí también se entablaban primeras relaciones con los campesinos que iban a dar agua.

Madre con su hija en el lavadero.

Como hemos dicho en otras ocasiones, es bueno que un pueblo guarde los vestigios de su pasado. Eso denota amor a la tierra y respeto hacia quienes nos precedieron.




jueves, 18 de febrero de 2021

                        ¡ QUÉ RICOS LOS CHORIZOS !



¿Será delito comer chorizos? Por supuesto que lo será. La nueva mentalidad se va imponiendo. Esta nueva sensibilidad hacia los animales acabará por calar con fuerza, ya lo está haciendo en las nuevas generaciones. Claro, que también es posible que sustituyan los sabrosos chorizos por otros sintéticos, sin carne. ¡A ver quién le hinca el diente a ese comistrajo!

En tanto llega ese nuevo estado de cosas, aún podemos disfrutar de este manjar antiguo tan de nuestros pueblos.



Estos tristes días de reclusión por la pandemia he tenido la idea de hacer unos chorizos al modo en que se hacían en el pueblo. Bueno, hay que aclarar que en realidad cada casa tenía su receta y sus gustos, como sucede con las gachas, con el morteruelo o con las rosquillas.

Yo he cogido la receta familiar al pie de la letra, si bien sé perfectamente que estos cerdos tienen otro sabor, porque no están alimentados como los del pueblo. Entonces comían salvado o pulpa, remolacha, patatas, calabaza, patacas, lenguazas, borrajas, berzas, gamones, grano y mil sobras de la casa.




Lo primero es seleccionar una carne magra de calidad. Le indico al carnicero que quiero paletilla sobre todo. Como saben, el chorizo debe llevar tocino o panceta también, pues de lo contrario saldría muy duro. Tomamos las proporciones de 80% de carne magra de cerdo y 20 % de panceta. Picamos la carne.




El segundo paso consiste en añadir las especias. Tiramos de receta ancestral, y para 5 k de carne le ponemos: 100 g de pimentón, 85 g de sal, 5 dientes de ajo pequeños o medianos y 65 g de vino blanco.

Con el fin de afinar un poco más, mezclo dos pimentones, pues uno lo encuentro muy intenso y el otro algo insípido. Así consigo un pimentón sabroso, pero no cansado de sabor. Los viejos decían que el pimentón era importantísimo.




Uso sal marina en escamas, pero antes la trituro para reducirla a polvo. Doblo la cantidad de vino indicada, pero lo hiervo un buen rato para evaporar alcoholes.

Se mezcla todo debidamente hasta obtener una masa en la que ya comenzamos a percibir el olorcillo a chorizo. Hay que dejar reposar esta masa unas horas.

Usamos tripa natural. Y así vamos embutiendo los chorizos con una medida inferior a como se hacían antes. Aquellos chorizos de antaño eran enormes. Como orientación, cuatro dedos es demasiado pequeño y un palmo, demasiado grande. Entre esas dos medidas puede optarse por el tamaño que más le apañe a cada uno.

Una vez embutidos y atados con hilo de algodón, se cuelgan en un palo para secarlos. Necesitaremos unos 20 días de media. Durante ese tiempo hay que vigilar la temperatura y la humedad. La temperatura debe oscilar entre los 10 y los 15 grados como máximo. La humedad, entre el 65 y el 80 %.


Cuando se comprenda que los chorizos están secos, se procede a freírlos. La ceremonia de freír a veces era más esperada que la propia matanza. Para ello usamos aceite de oliva de buena calidad. La fritura de los chorizos requiere paciencia y cierta habilidad.

Vamos poniendo los chorizos fritos en una orza y los cubrimos totalmente con el aceite de freír. Así disponemos de una conserva excelente de chorizos que nos darán mucho juego en la cocina.

¡Que aproveche!




lunes, 25 de enero de 2021


     CANCIONES DE UN PUEBLO


Uno de los saberes que atesora nuestro pueblo es el de sus canciones. Hablamos de canciones infantiles y juveniles para acompañar los juegos, de retahílas y cantinelas para echar a suertes, de fórmulas canturreadas para restablecer la salud, conjurar la mala suerte, alejar los peligros… Nos referimos igualmente a nanas y tonadas para jugar con los niños, para enseñarles a caminar, a rezar… También pertenecen al tesoro de nuestra cultura cantada las canciones de ronda, los romances, las canciones de nuestra danza y ciertos villancicos muy nuestros.



                                       
                                    Pulsar aquí para oír "AL LEVANTAR UNA LANCHA"

Igualmente poseemos un buen número de canciones relacionadas con las labores del campo, un amplio repertorio de coplas de la jota, unos mayos que siguen oyéndose cada año, un importante cancionero litúrgico y religioso…


A todo este corpus de música popular de Cuevas de Velasco habría que añadir el no menos notable conjunto de piezas que, sin ser propiamente canciones en su sentido más estricto, pertenecen también al folclore de nuestro pueblo. Me refiero a las retahílas, fórmulas, conjuros, ensalmos, dichos, adivinanzas, trabalenguas, pareados y rimados graciosos.


                                               


Eh aquí otro ejemplo dramático de lo que puede perderse cuando un pueblo muere.


Desde hace ya algunos años tratamos de rescatar todo este valioso tesoro, poner en claro las letras y, en la medida de lo posible, la música. Es tarea compleja que requerirá dedicación y colaboración.


También estamos empeñados en dejar registrado el sonido de cada pieza de este cancionero.


Hasta el momento hemos llegado a 410 manifestaciones cantadas o recitadas, aunque sabemos que existen bastantes más.


                                      

                      Pulsar aquí para oír "LOS MAYOS"

Hemos recogido canciones muy extendidas por nuestra geografía, pero que en nuestro pueblo ofrecen variaciones de letra, de música o de ambas cosas. Las numerosas piezas exclusivas de Cuevas ofrecen una panorámica de la riqueza de las canciones de un pueblo.


                             

                                          





sábado, 9 de enero de 2021

  FOTOS DE LA NEVADA DE LOS DÍAS 7,8 Y 9 DE ENERO

       (Imágenes tomadas del chat del pueblo, facebook y recibidas de diferentes personas)