jueves, 23 de enero de 2025

 

                 JUEGOS DE HACE MEDIO SIGLO


                                    

                            

Ando recopilando juegos antiguos, algunos de los cuales ya ni se recuerdan. La idea es rescatar los entretenimientos, pasatiempos y diversiones a los que se entregaban tanto niños como adultos en sus ratos de ocio.


Algunas de estas actividades hoy se consideran bárbaras, irrespetuosas con el medio ambiente, machistas..., pero no conviene demonizarlas ni sacarlas del contexto del tiempo en que sirvieron como soporte de aprendizaje y socialización.


Existen muchos otros juegos, hoy prácticamente perdidos, curiosos e imaginativos, que haríamos muy bien en rescatar del olvido y enseñar a los niños.


Aquí voy a mostrar tan solo un listado en el que, por supuesto, no están todos los juegos. Tampoco me detendré ahora en explicar este o aquel o cómo se fabricaban los materiales precisos para la práctica de cada juego.


Para los mayores, estoy seguro de que este inventario servirá para evocar aquellos tiempos de la infancia y adolescencia. Por cierto, si tú, lector(a), conoces juegos que no están en esta relación y que se practicaban en Cuevas de Velasco, ruego me informes sobre ellos.


   JUEGOS ANTIGUOS DE CUEVAS DE VELASCO


1. El gua

2. La chita. Varias versiones. También puede llamarse el tejo.

3. La carretilla.

4. Las tacaeras o jeringas.

5. Cromos, cartones y estampas.

6. Los gomeros.

7. Las chapas.

8. La calva.

9. El yoyó (Se fabricaba con cáscaras de yeso de las paredes)

10. La taba.

11. El estirapalo o estiragarrote.

12. El salto paloma.

13. El balón.

14. Los rulos.

15. La soga.



16. Las cuatro esquinas.

17. Las cuneas. ( A veces se tejían con peladuras de mimbre)

18. La comba. (También a veces se hacían soguillas de mimbre)



19. San Miguel dorado.

20. El escondecorreas.

21. Los guardias.

22. El chinchibolete o La dola.

23. La goma.

24. El corro. (Con múltiples juegos)

25. Juicias.

27. La maya o escondite.

28. La gallinita ciega.

29. El pollito inglés.

30. El balón prisionero.

31. El pañuelo.

32. El pulso.

33. Un cuarto en serio.

34. Los chinos o chichimuni.

35. Torre de puños.

36. La picota. (Se jugaba con monedas)

37. La garrilla. ( o guerrilla)

38. Completar cuadrículas.

39. El hinque.

40. Las tres en raya.

41. Echar a suertes.

42. El Trinquete.

43. El arrimapalo.

44. La honda.

45. El boleo.



46. Los bolos.

47. La pelota a mano.

48. Cargarse al hombro.

49. La barra.

50. El chivotoas.

51. Al alimón, al alimón.

52. Los borriquillos.

53. El caracantillo.

54. Los chompos, la puacera.

55. El pasimisí.

56. Cortar chorlitos de hielo y chuparlos.

57. Las chozas. (Construir cabañas, chozas o cachozas)

58. El balancín.

59. El cazo con cazo.

60. Las caídas. (Peleas a ver quién derribaba al contrincante)

61. Las prendas.

62. Ensartar botes y arrastrarlos.

63. Las cartas.

64. Ta. (Versión del juego de pistoleros)

65. Los alfileres.

66. Carreras de sacos.

67. Las oncejeras. (Juego muy del pueblo)

68. Lanzar piedras.

69. Lanzar piedras sobre el agua.

70. La muñeca.

71. La rana.

72. El plato, el zumbador.

73. Cara o cruz.

74. Pares o nones.

75. La reja.

76. Veo veo

77. La oca.

78. El parchís.

79. La sillita de la reina.

80. A la una, la mula.

81. Ratón que te pilla el gato.

82. Teresa, la Marquesa.

83. Las muñecas.

84. Echar a suertes.

85. La moneda pegada al culo de la sartén.

86. Echar hogueras…



87. El restregaero. (Tobogán)

88. Calientaculos.

89. Hacer el Cristo en la nieve.

90. Hacer aviones de papel.

91. Tejer soguilla con peladuras de mimbre

92. Los conejos.

93. Construir arcos y flechas con mimbres y cuerda.

94. Hacer calaveras.

95. Hacer zambombas.

97. Hacer lluecas. (Se construían con un bote e hilo)

98. El teléfono.

99. Trepar a los árboles.

100. Tocar la zambomba, carracas…

101. El futbolín.

102. Juego de las sillas.

103. En qué mano está la china.

104. Hacer flautas con cañas.

105. Soplar molinillos (vilanos)

106. Hacer tinta con matacandiles.

107. Cazar gurguneros, mariposas, grillos, abejorros.

108. Buscar nidos.

109. Hacer solbitos con huesos de albaricoque.

110. Montar al gigante bolilla.

111. Hacer gachupes.

112. Lanzarse sobre montones de judías desmotadas.

113. Carreras de burros lerdos.

115. Petardos, bombas y fósforos.

116. El ABC.

117. Explorar.

118. Montar en bici.

119. Tejer y entretejer con hilo de plástico (Hilo de colores escubidú)

120. Hacer bolas y muñecos de nieve.



122. Hacer cunas con hilo y con los dedos.

123. Construir casitas.

124. Contar historias de miedo.

125. El potreo.

126. Espiar novios.

127. Carreras de caracoles.

128. Carreras.

129. Las adivinanzas.

130. Pies quietos.

131. A tapar las calles.

132. Saltar a pies juntillas.

133. Los pelotazos.

134. Dar pingoletas.

135. Fútbol con la vejiga del gorrino.

136. Fumar puros (raíces de olmo)

138. Tierra descubierta.

139. Cazar renacuajos.

140. Calientamanos.

141. Batalla de agua.

142. Clavar banderillas. (Las banderillas son tallos finos de una planta)

143. Tirar cerdones.

144. Escribir palabras en los troncos de chopos y álamos.

145. Ir de rastros a la nieve.

146. Los trineos. ( Con serones, cubiertas, mantas viejas, puertas rotas...)

147. Cazar ranas.

148. Pescar oncejos.

149. Criar pichones.

150. Indios y vaqueros.

151. Camiones, tractores, coches de plástico.

152. Dar aguadillas en el río.

153. Construir el pozo de la Vieja.

154. Cazar gorriones.

155. Hacer el pino.

156. Ponerse antifaces.

157. Saltar hijuelas, barrancos, el río

158. Ensartar acículas de pino para formar collares y pulseras.

159. Hacer pitos con las cañas del trigo verde.

160. Tocar el tambor con cualquier objeto que no fuese un tambor.

161. Producir eco voceando o gritando.

162. Jugar a las tiendas.

163. Jugar a padres y madres.

164. Jugar a amasar y cocer el pan.

165. Jugar a fabricar canicas, frutas y otros objetos con barro.

166. Hacer contorsionismo y muecas.

167. Construir muros con barro, piedras, ramas.. como la represa.

168. Cazar murciélagos.

169. Buscar nidos de carbonero (Colirrojo tizón).

170. Pedir el aguinaldo.

180. Cabalgar sobre una escoba o palo.

181. Hundir casas en ruinas.

182. El látigo o serpiente.

183. Resistir dentro de una cueva con humo.

184. Carrera de relevos.

185. Hacer pis en la nieve formando figuras.

186. Nadar en el río.

187. Bucear en el río.

188. Jugar en un montón de arena.

189. Hacer sonajeros con juncos.

190. Alterar las normas del lenguaje para comunicarse en clave.

192. Imitar la voz o los movimientos de los animales.

193. Juego de los trabalenguas.

194. Abrir los capullos de los ababoles. (Monja, fraile o

 chichiribaile)



195. Pelar tobas con una vara.

196. Hacer morceguillos con piel de mimbre y lanzarlos al aire.

197. Juegos en la flor despinzada del azafrán.

198. Imitar coches, motos y camiones.

199. Construir el belén.

200. Dar el espolique.

201. Hinchar y explotar globos.

202. Deshojar margaritas o mayos. ( Me quiere, no me quiere)



203. Deslizarse sobre el hielo.

204. Los cartones.

205. Las chapas.

206. Llevar a costalete.




viernes, 5 de enero de 2024

     ADIÓS, ANTONIO


En una charla este último verano.

Camino ya de los 95, años nos ha dejado para siempre nuestro vecino Antonio Ballesteros, conocido también como Antonio, el Sacristán, por el tiempo que desempeñó sin remuneración, como gustaba de decir él mismo, ese oficio.

Antonio ha sido durante estas nueve últimas décadas un personaje singular. De sus años de Seminario poseía una instrucción nada común en gente de su edad y posiblemente ese abrir los ojos a la cultura, inaccesible para muchos otros, es lo que le proporcionó una visión privilegiada de su tiempo y de su pueblo.

De entre todas sus facetas yo destacaría su inmenso amor al pueblo de Cuevas de Velasco y su constante disponibilidad para la gente a la que podía ayudar en algo. Su casa se convirtió en local de clases particulares y de refuerzo, pequeña academia de música, lugar de iniciación a la electrónica…

Fue un personaje dinamizador de diversas actividades, como el teatro y el atletismo. También su domicilio se constituyó durante décadas en centro desde el que la mocedad del pueblo planeaba y organizaba sus tradiciones, como la ronda o los judas.

Tuvo la visión en un tiempo en que no se valoraban suficientemente los archivos y buceó en el riquísimo Archivo de la Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción. Con los datos obtenidos y con la recopilación de tradiciones, costumbres y canciones publicó un librito titulado Historia de Las Cuevas de Velasco, del cual aparecería una segunda edición. Este estudio sigue siendo imprescindible para conocer la historia de la iglesia de Cuevas y para tener una aproximación a la cultura antigua del lugar. También escribió Usos y Costumbres.

Una última obra, Historia de los Velasco ,a la que me consta que dedicó mucho tiempo, queda aún por ver la luz.

De todas las peripecias que narraba, recordamos la de su paso por la cárcel de Cuenca en la que ingresó junto con Paco del Río por un suceso que hoy día ampararía la libertad de expresión y que afortunadamente se resolvió.

Durante muchos años ha ejercido de guía para quienes querían visitar la iglesia o hacer un pequeño recorrido por el pueblo. Dichas visitas solían concluir en un museo etnológico que él mismo fue creando en su casa recogiendo y recuperando útiles, herramientas y artefactos antiguos pertenecientes a las tareas agropecuarias.

Otra de las facetas que desarrolló fue el conocimiento de las plantas. Durante años se sumergió en el mundo de la herboristería, recogiendo, catalogando cientos de plantas de la zona e incluso estudiando sus propiedades y aplicaciones en medicina de herbolario.

Algunos visitantes y propios del pueblo lo recordarán siempre por las exposiciones que adornaban su casa. Recogía raíces, piedras y todo aquello que tuviese parecido razonable con algún animal u objeto y los exponía cuidadosamente en su portal. También tenía expuesto su asombroso árbol genealógico que se remontaba a más de 400 años.

Ahora que está tan de moda lo ecológico, Antonio inventó una ducha con un cangilón colgado de la rama de un manzano, donde el agua se calentaba con el calor del sol.

Me consta que hasta el último momento Antonio ha peleado por sacar adelante otro proyecto, el de recuperar la Entrada de Moros y Cristianos. Quizás nos deja marcado el camino por donde hay que seguir para preservar y recuperar nuestras tradiciones.

Requiescat in pace, amice Antonio.

martes, 7 de noviembre de 2023

     MI AMOR AL PUEBLO


Comencé el año en Elche, donde habíamos pasado la Nochevieja de 2022. Luego, durante el invierno, aprovechando una oferta interesante, fuimos a pasar unos días a Calpe con unos amigos. A finales de abril realizamos un viaje a París para celebrar el 40º aniversario de boda. En Junio, acogidos a los programas del Imserso, pasamos diez días en Salou y alrededores. Y ya, en la primera quincena de julio, disfrutamos de dos semanas de playa en Torrevieja.

Ustedes se preguntarán porqué les doy cuenta de todos estos viajes. Pues bien, no me mueve ningún afán de alardear de viajero. Además, hoy día viaja mucha gente y algunos que se lo pueden permitir pasan más tiempo con el equipaje de acá para allá que en sus casas.

Claro, yo no he señalado las cinco ocasiones en las que he visitado Cuevas de Velasco, hasta noviembre. Y no las he señalado porque de ningún modo pueden comparase esos viajes al pueblo con todos los demás. Desde que yo salí con diez años a estudiar, y más tarde, desde mi partida, con diecisiete años, a vivir a otras tierras, Cuevas es el lugar recurrente al que vuelvo siempre que puedo. Jamás se ha roto ese invisible cordón umbilical de afectos y apego que me une a mi pueblo de nacimiento.





Uno necesita tener un destino infalible, seguro, un lugar al que ir sin experimentar la metamorfosis del turista, sin dejarse arrastrar por señoritas que agitan una banderola o un pañuelo, sin guardar colas interminables, sin esperas angustiosas en aeropuertos, sin overbooking (¡Dios qué palabro!). Todos necesitamos un entorno familiar y si nos recuerda a la infancia, mejor. El pueblo para mí es todo eso, es el único lugar donde no me siento extraño porque aquí vine al mundo y aquí me crie.

“¡Qué suerte tienes de tener un pueblo!” me decía un amigo no hace mucho. Y es cierto. A veces no valoramos en toda su extensión el tesoro que tenemos quienes “tenemos un pueblo”. Va quedando trasnochada la opinión de algunas personas de poco juicio que asociaban la idea de los veranos en el pueblo a vacaciones de pobres.






Además el pueblo es el nexo de unión de todos los que un día tuvimos que partir en busca de otro lugar donde vivir. Ahora regresamos en verano, para las fiestas de Carnaval o del Cristo y en otros días señalados y nos reencontramos, actualizamos noticias de familia, de trabajo...

Cada rincón del pueblo, cada valle, cada montaña, incluso cada calle y hasta cada casa tienen un gran significado para mí. No existe ni un solo lugar de Cuevas de Velasco al que no esté vinculado por recuerdos, descubrimientos,enseñanzas y todo tipo de vivencias. Y resulta que no soy un apasionado del pueblo porque sí, puesto que todo el cariño y la devoción que siento por él no me llegaron como una bendición azarosa. Fueron principalmente mis padres, mis abuelos y mis tíos abuelos quienes desde muy niño me inculcaron el amor por la tierra y las gentes de aquí, de mi tierra natal.





Es una bendición haber nacido en un pueblo. Es un orgullo ser de este pueblo viejo. La visión de este lugar me ensancha el alma cada vez que vuelvo y las partidas debo afrontarlas siempre con un punto de irremediable tristeza. Suerte que el recuerdo es firme, rebosante en detalles que me permiten seguir alimentando en la distancia la llama del cariño por esta aldea y por su gente. Con solo cerrar los ojos puedo transportarme en mi pensamiento a aquel tiempo de mi infancia y adolescencia y, créanme, soy capaz de recordar a las más de 350 personas que habitaban en el pueblo allá por el año 1965, una a una, con sus nombres, sus casas y su gente. Aunque, claro, sé que esto no tiene mucho mérito porque si usted, lector, también nació en Cuevas de Velasco hace más de 60 años recordará igualmente a todas las personas con las que convivió. Estas son las ventajas de ser natural de un núcleo de población menudo; uno puede abarcar en su pensamiento todos los lugares que lo forman y todas las gentes que lo habitan del mismo modo que es posible conservar en el recuerdo casi todos los hechos dignos de memoria.

Desde hace unos meses rastreo el origen de mis antepasados en el Archivo Diocesano y ya he comprobado que mis ascendientes se establecieron en Cuevas de Velasco hace varios siglos. No puede extrañarme el llevar tan íntimamente adheridos a mi persona los acentos de esta tierra. Me identifico con el habla local y sus expresiones dialectales, con el modo de gesticular, con las tradiciones, incluso las más rancias, con las costumbres y con los ritos familiares. Tarareo tonadas que aprendí aquí siendo niño, canto los mayos, interpreto a la dulzaina la música de la danza y, de vez en cuando, aporto lo que puedo por reconstruir la historia del pueblo y por rescatar valores culturales antes de que caigan en el olvido.





Son pequeñeces, lo sé. No expongo aquí grandes hechos o hazañas notables sino la descripción de los sentimientos que me produce ser de Cuevas de Velasco, expresados con sencillez, con afecto y con cierta emoción.

¿Qué quieren que les diga? En estos tiempos revueltos y en este mundo tan sometido a vertiginosos cambios que subvierten con frecuencia los valores y hasta los más sólidos principios, yo quiero poner de relieve mi amor permanente e inalterable por esta pequeña villa en la que nací. Y me van a permitir que les diga que el cielo me lo figuro como mi pueblo en primavera, cuando las amapolas tiñen con su sangre los campos esmeralda y las lirias doran los costones de los caminos, cuando el ruiseñor entona su prodigioso trino desde la Rivera y los vencejos gritan alborozados alrededor de la enhiesta y sólida torre de nuestra iglesia.






lunes, 30 de octubre de 2023


                             DE PÁJAROS Y ERMITAS



Ermita de la Resurrección. Villar del Maestre.


Son las siete de la mañana. A estas horas el sol, que acaba de mostrar su enorme ojo anaranjado por los Horcajuelos, anda aún desperezándose. Con el cielo tan limpio, la esfera ardiente de cerco profusamente azafranado rompe al día y anuncia una jornada bochornosa, una más de este tórrido mes de agosto.

El cielo bulle de oncetes negros cuyos chillidos ásperos, raspantes y agudos caen sobre el pueblo como una lluvia de gritos amenazadores.


Los vetustos muros de piedra de la iglesia y de la casa Cuartel amplían el crac crac de la caña del caminante hacia la calle de La Soledad, donde una familia de golondrinas jóvenes realizan sus vuelos rasantes mientras trisan con una alegría que contagia. Las golondrinas siempre andan de buen humor a juzgar por sus gorjeos festivos, salvo, claro está, cuando emiten un nervioso tchui tchui de alarma.

Golondrinas.

Cuando parece que el parloteo pajaril ya queda atrás, el apresurado plas plas plas de las palomas que se lanzan desde los arreñales hacia la fuente de El Caño sorprende al caminante. Al mismo tiempo, una tórtola gime con su lánguido y reiterado cu cuu cu desde los arbustos que engalanan el costón de la calle de La Fuente merced a los cuidados de Vicente Pérez.

Palomas en vuelo.

La nueva y nutrida generación de gorriones jóvenes desayuna
en los zarzales del barranco de Valdecañamares. Los arbustos bullen de bolitas grises. El gorjeo resulta estridente. El caminante piensa que todo es palabrerío inútil de pájaros, aunque, bien pensado, como decía el maestro Delibes cuando se refería a los juicios de los cuervos ¿no estarán discutiendo todos estos gorriones sobre quién come primero, a quién corresponde el turno de centinela o quién debe ser expulsado de la bandada por glotón?

Dos palmadas y se alza al cielo una nube de avecillas mucho mayor de lo que se suponía. Ascienden desde las zarzamoras de estampida y se reagrupan en una mancha amplia que adopta formas cambiantes y caprichosas . Luego, claro, a uno le pesa el haberlos alborotado. ¿Qué necesidad hay de molestar a estas bestezuelas?

A la izquierda de la carretera de Villar del Maestre se asoman las ruinas de la vieja ermita, la última de las cinco o seis que hubo en Cuevas de Velasco. Aún conserva los muros en pie, como un enfermo terminal que, más que nada, inspira pena. El caminante aún recuerda el alegre sonido de su campana, allá en aquel tiempo lejano de la infancia.

Ermita de la Purísima. Cuevas de Velasco.


Una auténtica plaga de pardillos se alimenta en el cardizal de la Cañaílla, como a un kilómetro del pueblo. Los vigías voladores hacen equilibrio sobre las púrpuras corolas de las cardenchas. Los tallos se cimbrean graciosamente. Y cuando advierten que el caminante se aproxima emiten sus gritos de alarma y toda la colonia echa a volar.

Un convoy de abejarucos surca el cielo. Los delata su machacón pi pri, pi pri. Y lo realmente llamativo es que se trata de un canto coral perfectamente acordado. Quince gorriones, pongo por caso, cantando al unísono forman una algarabía que puede incluso resultar molesta, pero quince abejarucos al mismo tiempo, puestos sobre los cables de la luz o al vuelo, interpretan una sinfonía pajaril de una belleza indiscutible.

Abejarucos en vuelo.

La carretera asciende por las curvas de Fuente Amarga. El silencio queda de nuevo roto por el espeluznante ladrido de un corzo allá en los Arrompíos. Estos animales marcan con hitos sonoros su territorio mediante inquietantes berridos que se asemejan a dramáticos quejidos de gargantas rotas.

Pasado El Hoyuelo, y ya en terreno de Villar del Maestre, se oye el tamborileo lejano de un pájaro carpintero y, cuando ya comenzaba a echarlas de menos, levanta a los pies del caminante la barra de perdices que, ante la imposibilidad de emprender la fuga valle abajo, se elevan en vuelo rasante sobre la loma por la que discurre el Camino de Enmedio y planean ajeando hacia Valdemaes.

Perdices.

La ermita de la Resurrección, de Villar del Maestre, acoge al caminante en un paraje excepcional. Frondosos árboles proporcionan al lugar un fresco y sombreado espacio alrededor de la antigua capilla.

Ermita de la Resurrección, al atardecer.

El templo anda ya por los cinco siglos de vida y, tras una afortunada restauración, ha recobrado el aspecto que debió tener en los siglos de oro de la Iglesia.

Desde lo alto vigila y protege al pueblo de Villar del Maestre, al igual que un tordo posado sobre la alta rama de la morera garantiza la seguridad de la bandada. Y, por lo demás, la panorámica de la vega y la dehesa ofrecen unas vistas sublimes.

SI ROBUR EST IN FIDE LUX AB ALTO
Si la fe es fuerte, la luz viene de lo alto.

Posible firma de cantero.

Advocación de la ermita inscrita en el muro.


Es digna de admiración la magnífica obra de esta ermita y llaman la atención los numerosos símbolos epigráficos que cubren sus muros.

Tranquilo rincón con fuente, con la puerta de acceso por el sendero desde Villar del Maestre.


Tras un momento de reposo al lado de la fuentecilla, el caminante emprende el regreso antes de que los fuegos del verano comiencen a abrasar los campos.




sábado, 21 de octubre de 2023

                                  GIRASOLES

El girasol inunda nuestros campos desde junio hasta octubre cada año.


Este año, la siembra estuvo llena de dificultades por la escasez de lluvias y luego por las lluvias torrenciales.

                 



En la primera fase los girasoles pintan de esmeralda  los campos.

                            


Se trata de un cultivo que alterna bien con los cereales.


La raíz del girasol extrae de la tierra nutrientes que otras plantas no utilizan. 



El girasol es el cultivo ideal para la rotación en estas tierras de la Alcarria.


Los girasoles cubren los campos de grandes flores que atraen a las abejas. Ayudan también a mantener la diversidad.


Los corzos, los ciervos, los jabalíes y una larga serie de especies de aves se alimentan de los girasoles.



Los agricultores reciben ayudas que no superan los 40 E por hectárea. 



Los girasoles ayudan también a controlar las plagas y la maleza.



El girasol es resistente a las sequías, siempre que no sean extremas.



El rendimiento por hectárea es muy variable. Oscila entre los 800 y los 2000 kg.



La temperatura ideal para los girasoles está alrededor de los 20 a 25 º. A partir de los 30º no grana bien la semilla.



Cuando los campos de girasoles presentan este aspecto desolador es justo cuando llega el momento de su recolección.



Las semillas de girasol se utilizan para pienso de animales, aceite, perfumería, jabones...




Hacia primeros de octubre o finales de septiembre llega la recolección del girasol.



Las cosechadoras seleccionan las semillas y arrojan el resto de la planta triturado.







Las semillas de girasol se dejan unos días oreándose en las eras.



Uno de los productos estrella del girasol es el aceite, muy valorado en cocina y muy saludable.