De las muchas leyendas que atesora la villa de Las Cuevas de Velasco la
más desconcertante, sin duda, es la del cerro de Castejón.
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Valverde. A la derecha, el cerro Castejón. |
Contaban los tejeros y los ancianos del lugar
que antaño existió una industria de tejas en lo alto del cerro Castejón y que
quienes la regentaban solucionaron el problema del transporte del agua de una
manera ingeniosa: adiestraron a unos galgos de modo que con una especie de
pequeñas aguaderas y unas cantarillas estos animales transportaban desde el río
el agua necesaria para transformar la arcilla en tejas y en cacharros.
Hay que
imaginar a los galgos bregando por la ladera, incansables, un viaje tras
otro, animados seguramente por el
aliciente de una golosina que se les daría tanto a la entrega del agua como a
la recogida.
Los galgos
del cerro Castejón debieron despertar gran asombro entre quienes tuvieron la
ocasión de contemplarlos. Y no resulta nada sorprendente que un hecho tan curioso se haya perpetuado
en la memoria colectiva de la gente y haya llegado hasta nuestros días.
La
capacidad del hombre para entrenar a los animales y servirse de ellos es
sorprendente. Se conoce bien el trabajo realizado por los perros pastores, por
los perros guardianes, por los lazarillos, por los detectores de sustancias y
explosivos… No cabe duda de que con paciencia y un buen adiestramiento pudo
conseguirse la proeza que relata la leyenda.
Lo que no
sabemos es si, como sucedía con algunos asnos obstinados, que se iban a los
trigos o acababan destrozando los cántaros contra las esquinas, estos
asombrosos canes perdían alguna vez la concentración del acarreo, acaso
atraídos por los efluvios de alguna liebre, y hacían añicos las cantarillas en
las que transportaban el agua.
Por
nuestra parte, nos dio qué pensar este enigma de los galgos y un día decidimos
subir a lo alto del cerro Castejón por ver si quedaba algún vestigio que
hiciese verosímil esta historia. Y lo hallamos, por supuesto.
Cuevas de Velasco, desde lo alto del Castejón |
En el término de Cuevas de Velasco
existen numerosos lugares que presentan restos arqueológicos compatibles con
vestigios de poblados habitados desde antiguo, algunos de ellos desde el
Neolítico. El situado en la cumbre del cerro de Castejón ocupa una posición
eminentemente estratégica. Desde su ubicación se domina todo el paisaje desde
más allá de Huete hasta el Cerro del Túnel e incluso hasta los montes de Priego. Se trata, sin duda, del
punto desde el que podía producirse una alerta más temprana ante la llegada de
cualquier peligro. Sobre la altura más próxima a la vega se abren dos llanos
con un desnivel entre ellos de un metro. El espacio ocupa una superficie
aproximada de 0´6 has y quedaba defendido a poniente, al sur y al norte por
unos peñascos inaccesibles, alternando en el flanco este las peñas y un fuerte
declive seguramente reforzado por un muro o por una empalizada. Es posible que
el único acceso a este poblado estuviese situado en el puntal norte a través de
un paso estrecho entre dos grandes rocas.
Los vestigios más abundantes en este lugar
son fragmentos de cerámica que por sus hechuras parecen coetáneos o algo
posteriores a los de la loma de la estación. La ausencia de elementos arquitectónicos,
de caminos de acceso, así como la lejanía del agua nos indican que el poblado o
fortín del cerro de Castejón tuvo una vida efímera.
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